Después de 1984

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La cuestión del control de la vida de las personas por parte de observadores y jueces ajeno ha evolucionado desde unos planteamientos paranoicos hasta una convivencia sutil con la tecnología en el día a día. El ejemplo más célebre de distopía contemporánea lo planteo George Orwell con su novela 1984, en la que describe una sociedad donde un autoritario gobierno ha tomado el control de todos los espacios públicos y privados a través de sistema de cámaras y micrófonos. A esta idea le han seguido otras, como el primer capítulo de la tercera temporada de la serie Black Mirror, titulado Nosedive (Caída en picado), donde la clase social y las posibilidades de desarrollo de las personas dependen de su puntuación en la principal red social.

Con el caso de la publicación de datos privados por parte de Facebook todavía en investigación, el gobierno de China ha comenzado a ejecutar por fases un sistema de puntuación social en el país, que espera que funcione a pleno rendimiento para 2020. A través de millones de cámaras de videovigilancia, instaladas tanto en espacios públicos como en lugares de trabajo o de ocio, el ejecutivo de Xi Jinping se ha propuesto evaluar las actitudes, las amistades, los contactos y los hábitos de consumo de su población, estableciendo un sistema de puntuación mediante un carnet que repercutirá en aspectos tan cotidianos como contratar más velocidad de internet, acceder a un tipo determinado de vivienda, o viajar. “En numerosas declaraciones, el gobierno de China ha afirmado que la implementación del sistema de crédito social se plantea como un recurso necesario para crear una cultura de confianza, honradez y sinceridad. Esto plantea dos preguntas fundamentales: ¿qué tipo de conductas serán castigadas y cuáles serán reforzadas? Y ¿quién determinará qué conductas son ‘honradas’ o ‘perniciosas’? Se trata de una cuestión moral que posee un impacto profundo en la identidad y la manera de pensar de los ciudadanos”, explica el psicólogo Daniel Sazo.

TODO CUENTA PARA TODO

Una persona que haya protagonizado alguna actitud considerada como negativa por las autoridad no podrá adquirir la vivienda que desee, tendrá vetado el acceso a determinados locales de ocio y no podrá viajar en tren o en avión. Esta última medida es una de las primeras que ya se ha comenzado a aplicar. Basándose en la referencia de Michel Foucault al panóptico de Jeremy Bentham, el especialista en filosofía de la ciencia, lógica, metafísica y epistemología, David Mayo, asegura que “en sentido pragmático, de seguro que tales mecanismo pueden garantizar el orden y el funcionamiento social, pero esto no significa que éticamente sean los mejores, o incluso correctos. De nuevo, es importante recordar que se está tratando con personas con dignidad natural, y no con cosas o medios”.

Sazo también señala a esa estructura penitenciaria circular que, con una torre en el centro, permite una vigilancia initerrumpida, y que es el panóptico. “El problema del ‘panoptismo’ es que aunque su objetivo es ‘reformar’ al individuo, lo único que se consigue es que la persona de ciertas respuestas ante determinados estímulos. Nada se puede saber de sus actitudes, sus verdaderas motivaciones o sus acciones futuras”, reitera el psicólogo, que apunta a una reforma estrictamente superficial. “A través del crédito social los ciudadanos harían lo que el gobierno desea pero ¿serían realmente más honrados o sinceros?”.

“Quizás les ayudará a ser más simpáticos y agradables por un tiempo, pero me pregunto cuánto tiempo durará”, plantea la analista política Rebekah Moffett. “También me pregunto sobre su autenticidad. A un nivel social moralista está lejos de la gracia que vemos en la Biblia, que obviamente no se puede demostrar de forma natural si alguien te está forzando a ser benévolo. Soy escéptica porque China ha probado antes con diferentes controles sociales y ha fallado en cada uno, como la comunas o ‘danwei’ de la década de 1950 con Mao”, defiende.

LA RELACIÓN DEL PODER CON LA TECNOLOGÍA Y SUS CONSECUENCIAS EN LAS PERSONAS

El caso de Facebook supone un dilema entre la falta de protección e intervención en el mercado de los datos personales por parte de los gobiernos, o la incapacidad real de éstos de establecer límites a los agentes privados de ese sector. Con su decisión, China se ha convertido en un gran escenario en el que se refleja la verdadera relación entre el poder y la tecnología, y sus consecuencias para las personas. “Queda en evidencia, nuevamente, que el progreso científico-tecnológico no implica progreso moral. El ser humano ha utilizado y sigue utilizando la inteligencia al servicio del mal. Podríamos decir que esta conjugación entre poder político y tecno-ciencia con fines destructivos o lesivos es una consecuencia inevitable del devenir histórico, y es aquí cuando se hace muy necesaria la intervención de la reflexión ética”, dice Mayo.

En la misma línea de la tecnología como respuesta al conflicto de intereses del poder establecido, Moffett defiende que se trata de una estrategia para conseguir a largo plazo el objetivo del Partido Comunista de China y que no dista tanto del control a la natalidad que se impuso en el país desde 1979 hasta 2015. “No creo que esté tan lejos de la cultura de la cultura del Occidente. Ya utilizamos tecnología para dictar qué publicidad vemos, o qué productos compramos. Incluso para influenciar nuestro voto e inclinación política, como hemos visto en el caso de Cambridge Analytica. Además, ya estamos acostumbrado a un sistema de créditos que nos marca cuándo pagamos nuestras facturas, si hemos pedido un préstamo o si tenemos una hipoteca, y esto no es tan distinto a tener un sistema social de créditos”.

Sazo, por su parte, ve evidenciad de que “el crédito social podría conllevar un alto nivel de estrés para sus ciudadanos”, y parte precisamente del sistema de crédito financiero al que hace alusión Moffett. “La presión a la que se ve sometida una persona que no puede obtener crédito por un registro bancario negativo le puede llevar a tener graves problemas de ansiedad y estrés por la sensación de incertidumbre e indefensión que todo ello implica. Imaginemos el estado emocional de una persona que ni siquiera puede acceder a servicios públicos básicos o comprar un billete de avión por un registro negativo en Weibo (la versión china de Twitter) o Alibaba”, señala. Una situación que, según el psicólogo, podría ocasionar consecuencias en la vida de las personas a largo plazo. Incluso, aunque se aboliese el citado sistema de puntuación social. “El estigma social para las personas con problemas psicológicos podría ser de por vida”, añade Sazo, que se pregunta si el sistema hará excepciones con las personas que padezcan trastornos depresivos o maníacos, por ejemplo.

NECESIDAD DE PLANTEAMIENTOS ÉTICOS Y CRÍTICOS

Protestante Digital ha tratado de ponerse en contacto con el Centro Cristianos de Estudios de la Religión y la Cultura en China (CSCCRC, por sus siglas en inglés), pero no ha obtenido respuesta. En el país, la práctica del cristianismo está estrictamente regulada y en muchos casos restringida, por lo que habrá que ver como puntúa en el carnet social el hecho de profesar una religión diferente a la establecida.

Una situación que para Mayo se da como consecuencia de la falta de una reflexión sobre la ética y con espíritu crítico. “De las causas del imperio de la tecnificación del saber deshumanizante, se ha dicho que ha sido producto del olvido de las grandes cuestiones o preguntas filosófico-científicas, o bien, de las grandes problemática metafísicas que han y siguen desafiando el pensamiento de la existencia humana, como el origen y el destino del universo, el sentido de la existencia en su totalidad o el sentido de la vida humana”, matiza.

Fuente: http://protestantedigital.com/internacional/44854/Despues_de_1984