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La familia de Jesús.

En la Biblia aprendemos acerca de muchas personas que fueron parte de la familia extendida de Jesús. Algunas se mencionan en el árbol genealógico de Jesús (ver Mateo 1, Lucas 3) y muchas otras son parientes esparcidas dentro del pueblo de Israel, descendientes de Abraham.

Al leer el Antiguo Testamento, no puedo dejar de notar cuán frágiles e imperfectos eran muchos de estos miembros de la familia: José, un adolescente inmaduro y arrogante; Rahab, una ex prostituta; Gedeón, un cobarde; Jonás, un mensajero fugitivo; y María, una joven judía de un pequeño pueblo. Sin embargo, estas son figuras importantes en la gran narrativa de la redención del mundo por parte de Dios.
Dios a menudo comienza con cosas pequeñas y personas inadecuadas. Y si Dios puede usarlos de maneras tan maravillosas, también puede usarnos aun siendo tan poco confiables y tan imprudentes como somos. Esto significa que no podemos poner límites a lo que Dios puede hacer con cosas pequeñas, y con personas poco creíbles o incluso con circunstancias sin esperanza. Esa es la maravilla del nacimiento de Cristo, que celebramos en Navidad.
Este mes, en la temporada de Adviento, mientras miramos hacia adelante para celebrar el nacimiento de Cristo, conozcamos a algunos de los antepasados y familiares de Jesús en la antigua familia de fe, todos los cuales son nuestros antepasados espirituales.

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domingo, 21 de abril de 2019
Salmo 80:1-11
TRASPLANTADO
“De Egipto sacaste una vid… Limpiaste el terreno para ella, y la vid echó raíces y llenó el país.” Salmo 80:8-9

Me encantan los arbustos de frambuesa y su dulce fruta. Antes de que mis padres se mudaran de su hogar, desenterré raíces del jardín de mi padre para el espacio que había alistado detrás de nuestro nuevo hogar. Trasplanté y alimenté las raíces hasta que se convirtieron en plantas sanas. Al vigilar estas plantas, produjeron su agradable fruto. El Salmo 80 habla que “de Egipto sacaste una vid”. El Señor Dios trasplantó esta vid con cuidado tierno y amoroso. El Señor la protegió con sombra y paredes, “y la vid echó raíces y llenó el país”. Esta vid es una imagen de Israel, el pueblo de Dios, floreciente.Soy un retoño de un trasplante. Mis abuelos inmigraron hace más de 100 años. Durante las primeras dos generaciones, mi familia permaneció plantada en su fe y floreció. Con el tiempo, los lazos familiares y las conexiones con la comunidad inmigrante se relajaron. En cierta manera esto ha sido bueno. Pero las conexiones con Dios y el pueblo de Dios se han debilitado o se han roto para algunos, y el árbol genealógico se ha debilitado.Las palabras de nuestro texto en el Salmo 80 están enclavadas en el lamento. Algo ha ido mal con la vid. El pueblo de Dios está angustiado, luchando fuera de su favor y necesitando arrepentirse. ¿Es ése el caso para nosotros también?

Señor, gracias por llevarnos a lugares y tiempos de florecimiento. Ayúdanos a ser fieles, y llámanos para arrepentirnos cuando vaguemos. Escúchanos y perdónanos, oh Señor. Amén.

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