lunes 25 de junio del 2018

Edison Souza es periodista y presbítero de La Iglesia Presbiteriana de Campinas São Paulo, Brasil.

 

Para usted, ¿quién es Jesús?

¿Quién es Jesús para usted? Esta pregunta ha sido una de las más frecuentes en todos los tiempos, y las personas la contestan de las más variadas formas. Algunas respuestas han sido inspiradas por Jesús mismo, en tanto que otras demuestran que, con el pasar de los años, la humanidad se ha alejado del Maestro, el hijo de Dios y de Su palabra.
En este mes vamos a reflexionar juntos acerca de cómo el mensaje de Jesucristo ha llegado hasta nosotros, de cómo hemos percibido lo que Él quiere de cada uno individualmente y, principalmente, de cómo nos estamos acercando a Él.

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Marcos 7:24-30
No abro la mano de mi bendición
“Deja que los hijos coman primero, porque no está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros.” Marcos 7:27

Pocas veces en la Biblia hemos visto a una mujer acercarse a Jesús tan segura de lo que hacía. Lo cierto es que tenía una necesidad urgente. A pesar de que no era judía, se arrodilló a los pies de Jesús porque era la madre de una muchacha que tenía un espíritu impuro y ella quería librar a su pequeña de ese mal, recurriendo a Jesús.Ahora imagina la decepción de ella cuando pide por una bendición y en cambio Jesús le dice: “Deja que los hijos coman primero, porque no está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros.”Si eso sucediera conmigo, puede estar seguro de que yo me metería en la tierra como lo hace el avestruz. Sin embargo, la mujer no actuó así. Con una osadía tremenda ella confrontó al Señor, reclamando sus derechos diciéndole: “Pero, Señor, hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan caer los hijos.”En otras palabras, la mujer pidió una bendición con mucha fe y por ningún motivo quiso quedarse sin la bendición de la mano de Jesús. Es exactamente esta certeza la que el Maestro quiere que tengamos. En el libro de Romanos está escrito: “…si Dios está a nuestro favor, nadie podrá estar contra nosotros.”Por lo tanto, si tienes la sabiduría de Dios no hay por qué temer un encuentro, aunque este encuentro sea con Jesús.

Señor Jesús, conozco mis derechos como legítimo hijo de Dios. Dame la osadía para ejercer este derecho. Amén.

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