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Toda la Biblia: Antiguo y Nuevo Testamento.

Es posible que haya escuchado esta observación sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento de la Biblia: “Lo nuevo está oculto en lo viejo; lo viejo se revela en lo nuevo.”  Esta afirmación, atribuida a San Agustín, sugiere que toda la Biblia es una revelación asombrosa de Dios. Es una historia única de cómo Dios restaura a su pueblo. Hay vislumbres del Nuevo Testamento -con respecto a las buenas nuevas de Jesucristo- en el Antiguo Testamento, y esos destellos quedan claros cuando leemos y entendemos el Nuevo Testamento.
Este mes veremos varias escrituras del Antiguo Testamento y veremos cómo se cumplen en el Nuevo Testamento. Y miraremos a Jesús, quien es el centro de toda la Biblia y el lente a través del cual aprendemos el verdadero significado de la vida.
Esperamos que estas investigaciones y aplicaciones sean convincentes e inspiradoras. ¡Que la realidad de tu fe se profundice este mes!
martes, 20 de agosto de 2019
Salmo 22:1-20; Marcos 15:33-39
EL SUFRIDOR JUSTO
“A esa misma hora, Jesús gritó con fuerza: Eloí, Eloí, ¿lemá sabactani?” Marcos 15:34

El salmista derrama la angustia de su corazón: “Soy como agua que se derrama; mis huesos están dislocados.”. El salmista incluso acusa a Dios: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?... Dios mío, día y noche te llamo, y no respondes; ¡no hay descanso para mí!”En su queja, el salmista es un sufridor justo. También podemos ver a Jesús en estas descripciones del sufrimiento justo. En la cruz, el Hijo amado de Dios derramó la angustia y la angustia de su corazón libre y honestamente. Jesús usó las palabras exactas del Salmo 22. Más tarde en la cruz también citó el Salmo 31:5: “En tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46).En Jesús, Dios nos hace a cada uno justos, y como el salmista, podemos derramar nuestra angustia a nuestro Padre que está en los cielos. Como seres humanos, a menudo mantenemos nuestros sentimientos negativos, que pueden hacernos amargos en nuestro corazón y alma. Pero Dios corrige nuestro pensamiento y nos asegura que podemos traerle nuestras luchas y desilusiones.Dios recibe nuestras quejas. Él ya sabe cómo nos sentimos. El Todopoderoso puede manejarlos. Así que deja de lado tus luchas y ansiedades; comparte tus miedos con Jesús. Él entiende.

Señor y Salvador, cuando nos sentimos rechazados y abandonados, ayúdanos a recordar que asumiste estos desafíos por nuestro bien y por nuestra salvación. Gracias Jesús. Amén.