Esperanza para El Salvador y para el mundo

“Nuestro país es como un niño enfermo, ahora depende de todos nosotros cuidar de ello”, dijo Bukele a la multitud. “Tenemos que sufrir un poco ahora, debemos tener un poco de dolor, asumir nuestra responsabilidad y todos como hermanos para hacer crecer a ese niño”.

Nayib Bukele es joven, de 37 años, se ve optimista y con la energía propia de los líderes que están entregados a una causa y a un propósito. Asumió la presidencia del país centroamericano el Sábado 1º de Junio (sí, de este 2019), y se ha convertido en el primer “milenial” o milenium en obtener la presidencia de un país.

Y su estrategia para ganar se hizo evidente cuando utilizó las redes sociales (Obama hizo lo mismo) mentalizando a todos los jóvenes (que tienen derecho a voto) y a los no tan jóvenes que utilizan este medio de comunicación para ganar su atención y su voto.

No deja de ser curioso que los partidos tradicionales -quizá con una dirigencia “tradicional”- se hayan olvidado o quizá no visto que el mundo moderno se comunica y cree en lo que le llega a través de la internet más que lo que informan o propagan las radios y canales de televisión.

El nuevo presidente se atreve a dar un nuevo giro a las tres décadas en que dominaron el escenario político dos fuerzas ideológicas de distinto signo: la Alianza Republicana Nacionalista conservadora (ARENA) y el Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí (FMLN) que no sólo salió del poder, sino que se atrevió a expulsar a Bukele de entre sus filas.

“Las bases sociales tienen la esperanza que este nuevo gobierno considere seriamente el déficit político, económico y social   defendiendo derechos como el agua, la jubilación digna, la injusticia y sobre todo la educación garantizada para los niños y niñas de este país, sin olvidar el 32% de desocupación laboral que obliga una emigración vergonzosa llamada Caravanas migrantes” (Jorge Flores, comunicador social).

El joven político no es un neófito de la política. Antes fue alcalde de dos municipios (incluyendo la misma capital) donde procuró algunos cambios en esas ciudades. Quizá eso no pasó inadvertido para la emergente sociedad joven que busca alternativas ideológicas que le devuelva la esperanza en un mundo que ya no cree tan fácilmente en promesas ni en discursos propagandísticos.

Nosotros no hemos puesto un título a esta columna en una forma arbitraria. No. Creemos que existe esperanza cuando reconocemos que los antiguos liderazgos deben dar paso a los nuevos, a esos que no solo se envuelven en discursos, sino que se traducen en hechos que de a poco pueden cambiar una mentalidad y una sociedad.

Hace dos milenios, se presentó otro milenial que habló de cambios y de un nuevo mundo que vendría, cuando las condiciones no podían ser peores. Se trataba de una sociedad esclavizada por el poderoso imperio romano. Y aquel joven habló de paz, justicia y amor, virtudes que en el tiempo ayudarían a cambiar primero a un grupo de seguidores y después a lo que hoy conocemos como el mundo occidental.

Para el Salvador puede haber esperanza. Y si eso resulta para el país, entonces puede también haber esperanza para el resto del mundo.

(Guillermo Serrano, Lunes 3 de junio, 2019).