30 de noviembre del 2024
Apocalipsis 22:1-9
AL FIN EN CASA
“El ángel me mostró un río limpio, de agua de vida […] salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle… el árbol de la vida”. Apocalipsis 22:1-2
En todo el mundo se esperaba el estreno. Y con mucha razón. Habían visto ya las tres primeras entregas de la saga, y querían saber cómo terminaba la historia. Esto hizo de la última película de Los Vengadores la más taquillera de la historia. Así la gente pudo mirar cómo los superhéroes restauraban el balance del universo. Pero eso es solo ficción. El apóstol Juan tuvo el privilegio de estar en la premier de la película que tiene el final más asombroso que pueda haberse imaginado. No lo presenció desde un lujoso palco en Hollywood, sino desde el suelo rocoso de la isla de Patmos. ¡Qué desenlace maravilloso! No se trata de la restauración de algún balance cósmico, sino del triunfo final de Dios y el Cordero. Y el árbol de la vida en la última escena, nos recuerda que todas nuestras penurias comenzaron en un jardín con otro árbol, el del conocimiento del bien y del mal. Ahora, ya no hay más mal que temer, enemigo que enfrentar, o sufrimiento que experimentar. El Cordero ha vencido a todos nuestros enemigos. Aunque nos hemos perdido la premier, la invitación para entrar en la ciudad está abierta. “En la casa de mi Padre muchas moradas hay”, dijo Jesús, pero lo más importante no es el lugar sino la compañía: Dios “morará con ellos y ellos serán su pueblo”. Este sí que es un final espectacular, sin ninguna secuela que esperar.
Bendito seas mi Dios y Rey. Gracias por tu generosidad al saciar nuestra sed y permitirnos disfrutar de tu santa ciudad. En Jesucristo, Amén.
En algún momento de nuestras vidas, muchos de nosotros hemos tenido la oportunidad de salir de viaje, aunque sólo fuera por un día o dos. Algunos, hemos salido de casa para estudiar o para buscar trabajo. Puede que nuestro tiempo fuera estuviera planeado y nos diera mucha alegria. Otras veces, sin embargo, nuestros viajes pueden ser imprevistos y estresantes. Nuestros viajes pueden estar provocados por acontecimientos que nos impulsan o incluso nos obligan a ir a buscar un nuevo hogar. En cualquier caso, necesitamos saber que al final del camino hay un lugar al que podemos pertenecer, un lugar al que podemos llamar hogar. La vida cristiana es así . A veces podemos viajar tranquilamente, dsifrutando de las bendiciones de la comodidad y la alegría que Cristo trae. Otras veces podemos sentirnos exigidos, desafiados e incluso desarraigados en nuestra vida espiritual. Aunque los desafíos pueden ayudarnos a crecer en la fe, necesitamos saber que a lo largo del camino Dios está siempre con nosotros. Afortunadamente, el Dios que nos llama a tener fe en su Hijo, Jesucristo, siempre cuida de nosotros, prometiendo no dejarnos ni abandonarnos jamás. Este es el Dios de la gracia y el perdón, que nos llena de su Espíritu y nos acoge para que disfrutemos de la vida en su presencia, dándonos un lugar al que llamar hogar dondequiera que estemos. Este mes vamos a reflexionar sobre estas cosas mientras exploramos algunos pasajes de la biblia sobre el hogar.
Joel vande Werken
Ha sido pastor desde el año 2007, sirviendo en iglesias en Sussex, nueva jersey y en Whitinsville, Massachusetts. Él y su esposa, Brandie, tienen cuatro hijos pequeños.