17 de junio del 2022
Isaías 55:1-11
LOS PENSAMIENTOS DEL SEÑOR
“ Porque mis ideas no son como las de ustedes, y mi manera de actuar no es como la suya”.
Isaías 55:8
Nos gustaría saber qué piensa Dios de nosotros, ¿no es cierto? Se imagina, que haya alguien, que nos conozca tal cual somos, sin arreglos cosméticos ni Photoshop. Alguien a quien no le sorprenden nuestras carencias ni nuestras caídas, nuestros temores ni nuestros sueños despiertos. No solo eso, sino que aún conociéndonos nos invite a una amistad con él, íntima y profunda como jamás podríamos disfrutar.
Ése es el Dios del que nos habla la Escritura. Un Dios que excede lo que nuestras pequeñas mentes pueden imaginar de él. Su paz sobrepasa el entendimiento, su amor es sin medida, su gracia nunca se agota. Y él extiende su compasión a gente que él sabe con certeza que es malvada y perversa, a gente como tú y yo que hemos extraviado el camino. Él nos invita a buscarle, a sentarnos a su mesa, a disfrutar de su presencia y de su bendición. No va a recibir una invitación que diga “solo para dos personas”. Es para todos aquellos sedientos de su amor y su perdón.
“Escúchenme y vivirán”, dice el Señor. ¿Entiendes la importancia de escuchar la voz de Dios? ¿Entiendes por qué envió a muchos profetas para que su palabra fuera escuchada, entendida y obedecida? Mucha gente prefiere seguir distraída, alimentándose de comida que no sacia. Espero que no sea su caso. Esa palabra que él tiene para nosotros nunca regresa vacía.
Padre amado, gracias por conocernos tan bien, y aun así amarnos. Acepto la invitación a tu mesa, en Cristo, Amén.
El tema del devocional de este mes es “Escuchar la voz de Dios”. Dios es un Dios de amor, pero se molesta cuando se le desobedece o cuando no hacemos su voluntad. Desde finales de 2019 la humanidad está sufriendo el coronavirus que se ha convertido en una terrible pandemia. Algunos seres queridos, amigos y familiares han perdido la batalla contra el virus y muchas personas se preguntan: ¿Por qué Dios permite tantas muertes? En la Biblia hay numerosos relatos de enfermedades y plagas que azotaron al pueblo, pero Dios nunca apartó su rostro, ni lo ignoró, ni abandonó a su pueblo a su suerte. Nuestro Dios tiene el control de todo y ni un cabello cae de nuestra cabeza sin su permiso. Pero es necesario comprender y analizar cuál es el mensaje que él quiere enviarnos cuando permite cosas como las que hemos vivido suceden. ¡Disfrute de su lectura!
Edison Souza
Periodista y Anciano en la Iglesia Presbiteriana de Campinas, São Paulo, Brasil.