Isaías 1:1-17
HIGIENE ESPIRITUAL
“ ¡Lávense, límpiense! ¡Aparten de mi vista sus maldades! ¡Dejen de hacer el mal!”
Isaías 1:16
La emergencia sanitaria todavía está fresca en nuestra mente, y en algunos países todavía sigue en vigor. Sana distancia, estornudo de etiqueta, sanitización, cubrebocas, entraron en nuestro vocabulario cotidiano, y nuestra generación difícilmente olvidará las incomodidades que algunas de estas prácticas provocan.
El pasaje de hoy tiene en mente otro tipo de higiene. Se refiere a la limpieza interior, a la pureza del corazón, a la higiene espiritual. No habla de la apariencia externa, la imagen que proyectamos para que otros vean de nosotros. Ese es el error que cometieron los israelitas a quienes el profeta Isaías se dirige. La devoción con que adoraban, las elaboradas ceremonias que presentaban a Dios y el rigor con el que cumplían con los días de culto podían engañar a muchos, pero no a Dios.
El Señor no estaba simplemente insatisfecho. Él manifiesta su repudio a una adoración que en la vida diaria no demuestra su amor al prójimo. La indiferencia hacia los necesitados, la injusticia hacia los menos favorecidos, y la falta de generosidad, no son temas menores en nuestra relación con Dios. Actuar así es llenarse de sangre las manos, y si la gente no es capaz de notarla, Dios sí se da cuenta. Por eso, nos llama a arrepentirnos y a corregir el camino equivocado. Hay perdón y bendición cuando estamos dispuestos a purificar nuestra vida.
Ayúdame, Señor, a invertir mi tiempo en cosas que te agradan. Sobre todo, a amar la justicia y hacer el bien. En Cristo, Amén.