24 de octubre del 2026
Juan 4:1-15
MÁS ALLÁ DE LOS PREJUICIOS
“La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?”. Juan 4:9
No todos hemos llegado dócilmente a los pies de Cristo. Algunos hemos batallado con preguntas, otros con dudas, otros con el pecado y algunos con todo a la vez. Creo que aquella mujer tenía un poco de todo, pero lo primero que sale a relucir es una barrera que llevaba mucho tiempo levantándose: el prejuicio. Siglos de conflicto entre judíos y samaritanos habían producido desconfianza y rechazo entre ambos pueblos. Por eso, cuando Jesús le pide agua, ella no puede evitar señalar la diferencia: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?”. Ella veía a un judío. Jesús veía a una mujer sedienta. Y por eso la conversación continuó. Jesús comenzó pidiendo agua, pero terminó ofreciéndole otra clase de agua, una capaz de satisfacer una sed mucho más profunda. No sabemos si finalmente ella le dio de beber a Jesús, pero sí sabemos que ella bebió del agua de vida. Eso me hace pensar en cuántas personas mantienen también su distancia de Cristo por algún prejuicio: una mala experiencia con una iglesia, el comportamiento de algún cristiano, ideas que han escuchado acerca de la fe o simplemente la convicción de que Jesús no tiene nada que ofrecerles. Quizá nuestros prejuicios nos hayan mantenido lejos durante mucho tiempo. Pero hay agua todavía. Y Cristo todavía dice: “Si conocieras el don de Dios…”.
Dios y Padre, ayúdanos a derribar las barreras que nos alejan de Jesús. Danos del agua de vida que Cristo ofrece y satisface nuestros corazones sedientos con tu Palabra. En Jesús, Amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.