23 de octubre del 2026
Marcos 7:24-30
UNA FE QUE NO SE RINDE
“Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos”. Marcos 7:28
Hay necesidades que nos hacen buscar donde antes nunca hubiéramos buscado. Eso le ocurrió a una mujer que encontró a Jesús donde menos lo esperaba: en su propia tierra. Jesús había entrado en territorio gentil y Marcos la identifica como una mujer sirofenicia. No pertenecía a Israel ni podía reclamar como propios los privilegios del pueblo del pacto. Pero tenía una hija atormentada por un espíritu maligno y había escuchado que Jesús estaba cerca. Así que fue a buscarlo y se echó a sus pies. Jesús le respondió utilizando la imagen de una familia alrededor de la mesa: primero debían comer los hijos; no estaba bien tomar su pan y echarlo a los perrillos. Su misión seguía el orden establecido por Dios: primero Israel. Aquella respuesta pudo haberla hecho desistir. Pero la mujer encontró esperanza incluso en las palabras de Jesús: “Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos”. No discutió sus méritos ni exigió sus derechos. Simplemente creyó que la gracia que había encontrado en Jesús era tan abundante que incluso las migajas serían suficientes para ella. Y tenía razón. Jesús respondió a su petición y su hija fue liberada. Una mujer extranjera, aparentemente lejos de las promesas de Israel, descubrió que la misericordia de Dios podía llegar también hasta su casa. ¿Ha entrado ya a tu casa?
Padre celestial, danos una fe perseverante como la de la mujer sirofenicia. Te pedimos que tu gracia abunde en nuestras vidas, en el glorioso nombre de Jesús. Amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.