Juan 4:1-15
MÁS ALLÁ DE LOS PREJUICIOS
“La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?”. Juan 4:9
No todos hemos llegado dócilmente a los pies de Cristo. Algunos hemos batallado con preguntas, otros con dudas, otros con el pecado y algunos con todo a la vez. Creo que aquella mujer tenía un poco de todo, pero lo primero que sale a relucir es una barrera que llevaba mucho tiempo levantándose: el prejuicio.
Siglos de conflicto entre judíos y samaritanos habían producido desconfianza y rechazo entre ambos pueblos. Por eso, cuando Jesús le pide agua, ella no puede evitar señalar la diferencia: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?”. Ella veía a un judío. Jesús veía a una mujer sedienta. Y por eso la conversación continuó. Jesús comenzó pidiendo agua, pero terminó ofreciéndole otra clase de agua, una capaz de satisfacer una sed mucho más profunda. No sabemos si finalmente ella le dio de beber a Jesús, pero sí sabemos que ella bebió del agua de vida.
Eso me hace pensar en cuántas personas mantienen también su distancia de Cristo por algún prejuicio: una mala experiencia con una iglesia, el comportamiento de algún cristiano, ideas que han escuchado acerca de la fe o simplemente la convicción de que Jesús no tiene nada que ofrecerles. Quizá nuestros prejuicios nos hayan mantenido lejos durante mucho tiempo. Pero hay agua todavía. Y Cristo todavía dice: “Si conocieras el don de Dios…”.
Dios y Padre, ayúdanos a derribar las barreras que nos alejan de Jesús. Danos del agua de vida que Cristo ofrece y satisface nuestros corazones sedientos con tu Palabra. En Jesús, Amén.