2 Timoteo 4:1-8
PELEANDO LA BUENA BATALLA
“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”. 2 Timoteo 4:7
Qué hermoso sería llegar, como Pablo, al final de la vida con esa convicción. Saber que hemos peleado con honor. Que estuvimos del lado correcto. Que no hay pesar, ni cuentas pendientes. Es una buena batalla.
Y eso es importante recordarlo. Porque al mirar la vida de Pablo, uno podría pensar lo contrario. Escribe estas palabras desde la cárcel, después de innumerables pruebas, persecuciones, rechazos y momentos en los que su vida estuvo en peligro. Podría haberse quejado. Podría haber dicho: “¿Y así me pagas, Señor?”. Pero no lo hace. En lugar de amargura, hay paz. En lugar de reclamo, hay satisfacción. ¿Por qué? Porque entiende que su vida no fue en vano. Y aunque su carrera está por terminar, la obra continúa. Otros seguirán. Otros tomarán el relevo.
Y vale la pena preguntarnos: ¿Estamos nosotros en esa misma sintonía? ¿Estamos realmente en la batalla o solo observando desde la distancia? ¿Estamos dispuestos a involucrarnos o preferimos que otros peleen mientras nosotros miramos? Porque si la batalla es buena, no hay lugar para la indiferencia. No se trata de ser un gigante de la fe sino de estar donde Dios nos ha puesto, sirviendo, perseverando, guardando la fe. Para que un día, nosotros también podamos decir— no con orgullo, sino con gratitud: He peleado la buena batalla.
Bendito seas, nuestro Dios, por hacernos parte de tus propósitos y tus planes. Te pedimos que nos des la constancia y la firmeza para ser elementos útiles en tu obra. En Cristo, amén.