22 de julio del 2026
1 Tesalonicenses 5:12-22
LA FUERZA DE LA ORACIÓN
“Orad sin cesar”. 1 Tesalonicenses 5:17
La vida cristiana puede llegar a ser abrumadora. Siempre hay algo por hacer. El apóstol Pablo lo sabía muy bien: hay ociosos que amonestar, desalentados a quienes animar, débiles que sostener, y nosotros mismos necesitamos crecer en paciencia. Y tal vez le ha pasado: se concentra tanto en la obra que comienza a olvidar al dueño de la obra. Se pierde la dependencia. Se enfría la comunión. Y, casi sin darse cuenta, empieza a vivir en piloto automático. Y eso, lejos de ser inofensivo, es terreno fértil para el enemigo: una vida con el Espíritu apagado y un corazón que poco a poco se desgasta. Por eso este llamado, tan breve, es en realidad un encargo gigantesco: “Orad sin cesar”. Es decir: no deje de depender de Dios. No viva desconectado de su presencia. No sustituya la oración por rutina. No se conforme con fórmulas vacías, ni con oraciones repetidas sin corazón, ni con la idea de que usted es indispensable. La obra es mucha, sí, pero no es suya. Y no solo cuidará de su obra, cuidará de usted en el proceso. Y cuando esto se entiende, algo cambia y se nota. ¿Se imagina a alguien que sirve con gozo constante? ¿Ha conocido a hermanos que, en lugar de quejas, tienen gratitud a flor de labios? Por eso, oremos sin cesar. Para que esa dependencia sea cada vez más visible en nosotros y transforme también nuestro entorno.
Gracias, oh Dios, porque cuando estamos en comunión constante contigo, nuestra comprensión de la obra cambia. Y podemos también ser siervos de mayor utilidad. En Cristo, amén.
La Biblia habla de una batalla que todos enfrentamos, aunque no siempre la veamos. No es contra personas, sino en lo profundo del corazón: en lo que creemos, en quién confiamos y a quién obedecemos. Algunos la ignoran; otros se enfocan tanto en el enemigo que viven con temor. Pero la Escritura nos muestra que esta es la buena batalla de la fe: una lucha real, pero con propósito, en la que Dios mismo nos llama a permanecer firmes. A lo largo de esta serie veremos cómo se libra esta batalla, cuáles son las armas que Dios ha provisto y cómo vivir con discernimiento y confianza. Porque no peleamos para obtener la victoria sino desde la victoria que Cristo ya ha asegurado. La pregunta no es si usted está en la batalla, sino: ¿cómo la está enfrentando? ¿en sus fuerzas o confiando en Aquel que ya ha vencido?
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.