1 Tesalonicenses 5:12-22
LA FUERZA DE LA ORACIÓN
“Orad sin cesar”. 1 Tesalonicenses 5:17
La vida cristiana puede llegar a ser abrumadora. Siempre hay algo por hacer. El apóstol Pablo lo sabía muy bien: hay ociosos que amonestar, desalentados a quienes animar, débiles que sostener, y nosotros mismos necesitamos crecer en paciencia. Y tal vez le ha pasado: se concentra tanto en la obra que comienza a olvidar al dueño de la obra. Se pierde la dependencia. Se enfría la comunión. Y, casi sin darse cuenta, empieza a vivir en piloto automático.
Y eso, lejos de ser inofensivo, es terreno fértil para el enemigo: una vida con el Espíritu apagado y un corazón que poco a poco se desgasta. Por eso este llamado, tan breve, es en realidad un encargo gigantesco: “Orad sin cesar”. Es decir: no deje de depender de Dios. No viva desconectado de su presencia. No sustituya la oración por rutina. No se conforme con fórmulas vacías, ni con oraciones repetidas sin corazón, ni con la idea de que usted es indispensable.
La obra es mucha, sí, pero no es suya. Y no solo cuidará de su obra, cuidará de usted en el proceso. Y cuando esto se entiende, algo cambia y se nota. ¿Se imagina a alguien que sirve con gozo constante? ¿Ha conocido a hermanos que, en lugar de quejas, tienen gratitud a flor de labios? Por eso, oremos sin cesar. Para que esa dependencia sea cada vez más visible en nosotros y transforme también nuestro entorno.
Gracias, oh Dios, porque cuando estamos en comunión constante contigo, nuestra comprensión de la obra cambia. Y podemos también ser siervos de mayor utilidad. En Cristo, amén.