Hebreos 12:1-11
PERSEVERAR HASTA EL FINAL
“Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”. Hebreos 12:1
Hay muchas personas a nuestro alrededor que están a punto de rendirse y de abandonar la carrera. La meta parece lejana y las fuerzas, insuficientes. Pero rendirse no es una opción. Dios mismo nos anima, rodeándonos de testigos: hombres y mujeres que corrieron antes que nosotros y terminaron la carrera.
Y en medio de ese llamado, hay algo muy práctico que usted puede hacer: “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia”. Entendemos que el pecado estorba. Que nos frena, nos enreda, nos detiene. Pero… ¿y el peso? El peso no siempre es algo malo en sí mismo. Son aquellas cosas que, sin ser pecado, terminan distrayendo el corazón y debilitando nuestra comunión con Dios. Lo que consume su tiempo. Lo que llena su mente. Lo que ve, lo que escucha, las relaciones que cultiva, lo que alimenta su vida interior. Todo eso puede convertirse en un estorbo si no le ayuda a avanzar.
Por eso, aligere el paso. No intente correr cargando aquello que lo está frenando. Y, sobre todo, ponga su mirada en quien va al frente. No es solo un ejemplo. No es solo parte del equipo. Él es el autor y consumador de la fe. Él ya corrió esta carrera y la corrió en condiciones mucho más difíciles. Y ahora, no solo le muestra el camino: camina con usted. Por eso, no se trata solo de resistir ni de correr con paciencia sino de hacerlo con la mirada fija en Cristo.
Te pedimos, Señor, que nos ayudes a permanecer firmes en esta carrera. Ayúdanos a poner siempre nuestra mirada en tu Hijo Jesucristo, en cuyo nombre oramos. Amén.