Lucas 22:31-34
CRISTO INTERCEDE POR LOS SUYOS
“Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte”. Lucas 22:32
¿Qué ocurriría su la firmeza del creyente descansara en la fuerza de su fe? Tal vez podríamos pensar en algún momento en que nos sentimos tan seguros, tan firmes… que incluso lo recordamos con cierto orgullo. Pero tengamos cuidado. Hay alguien que podría contar su propia historia y quizá no resultaría tan alentadora.
El caso de Pedro es bastante conocido. Con seguridad —y hasta con cierta arrogancia— afirmó su lealtad a Jesús, incluso por encima de los demás. Solo para verse después a sí mismo vencido
y llorando amargamente por haberle fallado a su Señor. Fue una noche oscura, en la que Satanás parecía haber ganado la batalla. Pero aun antes de su caída, Jesús le dijo algo que también se aplica a nosotros: “Yo he rogado por ti…”.
¿Se da cuenta? No le prometió que no caería, sino que estaría intercediendo por él. Porque la seguridad del creyente no descansa en la firmeza de su fe sino en la fidelidad de Cristo. Pedro iba a fallar. Pero no iba a ser destruido. ¿Por qué? Porque Cristo había orado por él. Y qué verdad tan consoladora: usted no se sostiene solo. Mientras usted lucha, Cristo intercede. Su fe puede debilitarse, pero no desaparecer, porque está sostenida por la oración de Cristo. Hoy, Cristo no ha dejado de interceder. Está delante del Padre, presentando a los suyos, sosteniendo su fe, guardando su vida.
Amado Padre, qué alentador es saber que tú escuchas la intercesión de tu Hijo por nosotros. Ayúdame a descansar en tu gracia y tu protección. Por el amor de Cristo, amén.