04 de marzo del 2026
Lucas 2:41-52
NO HAY FAMILIA PERFECTA
“Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia”. Lucas 2:48
¿Se ha dado cuenta de que, en toda la historia humana, solo ha existido una familia con un Hijo verdaderamente perfecto? Y aun así, esa familia no fue perfecta. Podemos tener padres exigentes, hijos responsables, buenas intenciones… pero la verdad es sencilla: no hay hogares sin dificultades. Incluso la familia escogida para recibir al Salvador del mundo atravesó momentos de confusión, miedo y frustración. La Biblia nos lo muestra cuando Jesús era niño. José y María lo llevaron al templo en Jerusalén, y al emprender el regreso descubrieron que no estaba con ellos. ¡Tres días de búsqueda! Podemos imaginar la angustia que los consumía, los pensamientos que cruzaban por su mente, quizá hasta lágrimas mezcladas con enojo. Y todo esto en una familia dirigida por Dios mismo. Sí, una familia con el Hijo perfecto… y aun así no estuvo libre de tropiezos. ¿Le dice algo esto? Lo importante no es vivir sin problemas, sino saber a quién acudir cuando aparecen. Cuando José y María finalmente encontraron a Jesús y escucharon sus palabras, recibieron la claridad que necesitaban. Quizá hoy usted esté pensando: “Ya no hay esperanza; mi familia no tiene arreglo”. Pero ahí es donde entra la buena noticia del evangelio: con Dios nunca es demasiado tarde. Él puede restaurar lo que está roto, y devolver la esperanza a un hogar que siente que ya no tiene fuerzas.
Danos Padre celestial, la esperanza que nuestros hogares rotos necesitan. Restaura nuestras relaciones familiares y danos un acercamiento como familia a ti. En Jesús, Amén.
El evangelio de Lucas nos invita a ver a Jesús con ojos nuevos. No solo como un personaje histórico, sino como el Hijo de Dios que caminó entre nosotros con ternura y poder. Lucas, médico y cuidadoso narrador, investigó todo con detalle para que tengamos plena certeza de lo que creemos. Su relato nos muestra al Cristo que toca al intocable, que se sienta a la mesa con pecadores, que devuelve esperanza a los caídos y que abre el cielo a los que nadie veía. Cada capítulo de Lucas es una ventana al corazón de Dios. En sus páginas descubrimos que la salvación no es una teoría, sino una persona. Jesús no vino solo a enseñar, sino a rescatar; no vino solo a hablar de amor, sino a vivirlo hasta la cruz. Este evangelio nos recuerda que la fe no comienza con lo que hacemos por Dios, sino con lo que Él ha hecho por nosotros en Cristo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.