Rut 1:8-15
CUANDO EL DOLOR NUBLA EL CONSEJO
“Y Noemí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella”. Rut 1:15
Difícilmente alguien desearía ver a sus seres queridos separados de Dios por toda la eternidad. Por eso procuramos inculcarles el conocimiento de Cristo, con la esperanza de que su fe crezca y se fortalezca. Sin embargo, a veces —sin darnos cuenta— hacemos justo lo contrario.
Es el caso del consejo de Noemí a su nuera: “Tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella”. Le estaba pidiendo que no la acompañara, que se quedara en su tierra… y que siguiera adorando a sus dioses. Uno no puede evitar preguntarse: ¿Qué clase de consejo es ése? ¿Qué creyente, conociendo al Dios verdadero, podría sugerir algo así a alguien que ama? Sin embargo, si somos honestos, esto ocurre más a menudo de lo que pensamos. Sucede cuando nuestro compromiso con Dios se debilita, cuando la fe se enfría y el resentimiento ocupa el lugar de la esperanza.
¿Cómo podríamos recomendar una fe que para nosotros ha pasado a ser secundaria? ¿Cómo podríamos invitar a otros a confiar en Dios si en nuestro propio corazón albergamos amargura hacia Él? Qué consuelo saber que la gracia de Dios es más fuerte que nuestros errores. Que Él no permite que sean nuestros malos consejos los que determinen el destino de otros. Y qué esperanza tan grande descubrir que todavía hay personas, como Rut, dispuestas a decir con valentía: “Tu Dios será mi Dios”.
Padre celestial, aviva en nosotros una fe sincera que inspire a otros a seguirte. Que nuestras palabras y acciones reflejen tu amor y verdad. En Cristo Jesús, Amén.