Rut 1:6-7
NUNCA ES TARDE PARA VOLVER
“Entonces se levantó con sus nueras, y regresó de los campos de Moab; porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado a su pueblo para darles pan”. Rut 1:6
Después de muchos años en tierra extranjera, Noemí —la suegra de Rut— escuchó buenas noticias: Dios había visitado a su pueblo y había provisto alimento en Belén. Solo entonces decidió emprender el regreso. Su vida en Moab no era fácil: viuda, sin hijos, sin sustento, sin pensión ni seguridad alguna. Estaba prácticamente en la miseria. Y, al menos en su tierra, sabía que habría pan.
Piense en esto por un momento: ¿Cree usted que, si a Noemí le hubiera ido bien en Moab, habría regresado? Es difícil saberlo con certeza, pero algo es evidente: ella tuvo oportunidades de volver antes —cuando murió su esposo, o cuando se quedó sin hijos—, y sin embargo permaneció allí. Fue solo cuando no le quedó nada más, más que sus dos nueras, que decidió regresar a casa.
La imagen del regreso siempre ha sido símbolo de arrepentimiento y restauración. Cuando nos alejamos de Dios, Él no deja de llamarnos, invitándonos a volver, ofreciéndonos un nuevo comienzo y la posibilidad de experimentar nuevamente su provisión y su cuidado. Pero regresar no siempre es fácil. A veces Dios tiene que quitarnos lo que más aferramos para abrirnos los ojos y llevarnos de vuelta a donde Él quiere bendecirnos. Pero su invitación sigue en pie: vuelva a Dios con un corazón abierto y confiado, sabiendo que Él está listo para recibirle y bendecirle.
Gracias, buen Dios, por hablar a nuestro corazón. Danos la sabiduría para tomar la decisión correcta de volver a ti y muéstranos el camino que debemos seguir. En Jesús, amén.