23 de febrero del 2026
Rut 3:16-18
EL ARTE DE ESPERAR
“Espérate, hija mía, […] porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy”. Rut 3:18
La escena es hermosa. Rut ha hecho todo lo que estaba en sus manos. Ahora solo queda esperar. Y Noemí, con la serenidad que da la experiencia, le dice: “Espérate, hija mía”. Noemí sabe que Booz es un hombre íntegro, alguien que no dejará las cosas sin resolver. Pero más que eso, sabe que Dios está obrando detrás de todo. Así que la instrucción no es solo práctica, sino espiritual: espera… confía. Esperar no es fácil. Todos lo sabemos. La espera pone a prueba nuestra fe, nuestra paciencia y, muchas veces, nuestra paz. Pero este pasaje nos recuerda que hay una forma de esperar que no es pasiva ni ansiosa, sino llena de esperanza. Rut y Noemí no sabían qué iba a pasar al día siguiente, pero sí sabían en quién confiaban. Y eso hizo toda la diferencia. En la vida también llega ese momento en que ya hiciste todo lo que podías hacer: oraste, obedeciste, diste tu mejor esfuerzo. Entonces, lo único que queda es descansar en Dios. Él no se olvida, no se retrasa, no falla. Quizá hoy estás esperando algo: una respuesta, una oportunidad, una solución. No dejes que la ansiedad te robe la fe. Aprende a esperar con confianza, sabiendo que el mismo Dios que cuidó de Rut y Noemí también cuida de ti. Y cuando no sepas qué más hacer… recuerda las palabras de Noemí: “Espérate, hija mía”. Porque quien confía en el Señor, nunca espera en vano.
Padre amado, enséñame a esperar en ti con fe y tranquilidad de corazón. Cuando no vea respuestas, recuérdame que sigues obrando a mi favor. En Cristo Jesús, Amén.