Mateo 26:6-13
LUCHANDO CONTRA LA NECESIDAD
“Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis”. Mateo 26:11
Vemos la pobreza todos los días. Familias que apenas logran cubrir sus gastos, madres solteras que estiran cada peso para que sus hijos coman, hombres que duermen en la calle, niños que piden unas monedas en los semáforos. Todo eso duele… y, al mismo tiempo, se ha vuelto tan común que a veces ya no nos conmueve.
El mundo que Dios creó al principio rebosaba de abundancia. Nadie pasaba necesidad. Pero hoy, la escasez y la desigualdad son parte de nuestra realidad. A veces, la pobreza nace de la injusticia o de sistemas que oprimen. Otras, de decisiones equivocadas o de circunstancias fuera de control: una enfermedad, una discapacidad, un despido. A veces nos cuesta mirar al necesitado sin juzgarlo. Incluso las palabras de Jesús —“siempre tendréis pobres con vosotros”— se han malinterpretado como si Él estuviera justificando la indiferencia. Pero no era así. Jesús no estaba hablando de dejar de ayudar, sino de reconocer la fragilidad humana y la urgencia de amar mientras hay oportunidad.
En la escena de Mateo 26, una mujer derrama perfume sobre Jesús como un acto de amor y entrega. Ella misma era una persona quebrantada, tal vez marginada, pero Jesús la defendió y honró su gesto. Él vio más allá de las apariencias y reconoció la belleza de un corazón sincero. Los pobres siguen entre nosotros, y Jesús también sigue llamándonos a servirles.
Señor Jesús, dejaste el cielo para hacerte pobre por nosotros. Danos la disposición de compartir las luchas de los más débiles y a servirles con las riquezas del evangelio. Amén.