08 de enero del 2026
Mateo 26:6-13
LUCHANDO CONTRA LA NECESIDAD
“Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis”. Mateo 26:11
Vemos la pobreza todos los días. Familias que apenas logran cubrir sus gastos, madres solteras que estiran cada peso para que sus hijos coman, hombres que duermen en la calle, niños que piden unas monedas en los semáforos. Todo eso duele… y, al mismo tiempo, se ha vuelto tan común que a veces ya no nos conmueve. El mundo que Dios creó al principio rebosaba de abundancia. Nadie pasaba necesidad. Pero hoy, la escasez y la desigualdad son parte de nuestra realidad. A veces, la pobreza nace de la injusticia o de sistemas que oprimen. Otras, de decisiones equivocadas o de circunstancias fuera de control: una enfermedad, una discapacidad, un despido. A veces nos cuesta mirar al necesitado sin juzgarlo. Incluso las palabras de Jesús —“siempre tendréis pobres con vosotros”— se han malinterpretado como si Él estuviera justificando la indiferencia. Pero no era así. Jesús no estaba hablando de dejar de ayudar, sino de reconocer la fragilidad humana y la urgencia de amar mientras hay oportunidad. En la escena de Mateo 26, una mujer derrama perfume sobre Jesús como un acto de amor y entrega. Ella misma era una persona quebrantada, tal vez marginada, pero Jesús la defendió y honró su gesto. Él vio más allá de las apariencias y reconoció la belleza de un corazón sincero. Los pobres siguen entre nosotros, y Jesús también sigue llamándonos a servirles.
Señor Jesús, dejaste el cielo para hacerte pobre por nosotros. Danos la disposición de compartir las luchas de los más débiles y a servirles con las riquezas del evangelio. Amén.
Los brotes de los árboles crecen a su alrededor. La carne viva del árbol es la que se encuentra justo debajo de su corteza. Esa capa transporta los nutrientes de raíz a rama y permite que el árbol crezca cada vez más. A diferencia de lo que pensamos con frecuencia, el centro del árbol no es más que madera muerta. Su función es mantener el árbol fuerte y erguido, pero no crece. Nosotros somos como árboles, nuestros por dentro en nuestros pecados, sin vida como un tronco seco. Pero en Cristo, todas las cosas se hacen nuevas. La vida es provocada por la muerte por la gracia, no por la naturaleza. Este mes exploramos cómo Dios crea vida de la muerte. Dios mismo afirma su buena creación, perdona nuestros pecados y renueva todas las cosas con una nueva vida en Cristo.
Joel Vande Werken
Joel Vande Werken ha sido pastor desde el año 2007, sirviendo en iglesias en Nueva Jersey, y Massachusetts. Él y su esposa, Brandie, tienen cuatro hijos.