10 de junio del 2026
Salmo 124:6-8
UNA GRAN LIBERACIÓN
“Nuestra alma escapó cual ave del lazo de los cazadores; Se rompió el lazo, y escapamos nosotros”. Salmo 124:7
Qué imagen tan vívida para describir el peligro espiritual: la trampa de un cazador. El salmista se ve a sí mismo como un ave que, sin darse cuenta, ha quedado atrapada en una red. El lazo se cierra de repente y la presa queda inmovilizada, sin posibilidad de liberarse por sus propias fuerzas. Así actúan las trampas del enemigo. Hay lazos ocultos, engaños y estratagemas diseñados para atraparnos. El pecado funciona de esa manera: parece inofensivo al principio, pero termina aprisionando el corazón y esclavizando la vida. Muchas veces ni siquiera advertimos el peligro hasta que la trampa ya se ha cerrado. Como el ave atrapada en la red del cazador, descubrimos demasiado tarde que nuestras fuerzas no son suficientes para escapar. Pero el salmo no termina con la derrota sino con un grito de victoria: “Se rompió el lazo, y escapamos nosotros”. La liberación no vino de la habilidad de la presa, sino de la intervención de Dios. El Señor rompió la trampa y dio libertad a su pueblo. Así ha hecho también con nosotros. El enemigo busca mantener cautivos a quienes están bajo el poder de las tinieblas, pero Dios intervino en nuestra historia. En Cristo venció al maligno, rompió las cadenas del pecado y nos arrancó del dominio de las tinieblas para llevarnos a su luz admirable. ¿Has experimentado ya esa liberación total?
Nuestros corazones están agradecidos contigo, oh Jesús, por librarnos el enemigo. Guárdanos y recuérdanos siempre que nuestro socorro está en ti. Amén.
Con gratitud a Dios, ofrecemos a nuestros lectores el devocional del mes de junio “Cantos de esperanza”, basados en los salmos de peregrinación. Estos salmos (120-134) eran entonados por el pueblo de Israel cuando viajaba hacia Jerusalén para participar en las fiestas anuales. El pueblo viajaba en caravanas, llevando consigo dolor, angustia, temores y expectativas. Así es el viaje de nuestra vida. Aunque suframos, no podemos detenernos. Debemos caminar y seguir adelante, mirando al Señor, autor y consumador de nuestra fe. En el camino encontraremos compañeros de viaje, pero todos dependemos de la fuerza que viene de lo alto, del poder que viene de Dios, de la gracia que nos sostiene hasta llegar a Sión. ¡Feliz lectura!
Hernandes Dias Lopes
El Rev. Lopes está casado con Udemilta y viven en Sao Paulo Brasil en compañía de sus dos hijos. El pastor Hernandes viaja alrededor del mundo para predicar y enseñar la Biblia.