Salmo 125:1-5
FIRMES COMO UN MONTE
“Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, Que no se mueve, sino que permanece para siempre”. Salmo 125:1
Los peregrinos que subían a Jerusalén sabían bien cuál era su destino: el monte de Sion. Allí se levantaba la ciudad del gran Rey, el lugar donde el pueblo de Dios se reunía para adorar año tras año. En el camino, muchas cosas cambiaban. Las circunstancias de la vida traían alegrías y preocupaciones. Las generaciones pasaban, las estaciones se sucedían y las experiencias del corazón variaban. Pero cuando los peregrinos alzaban la mirada, encontraban algo que no cambiaba: el monte seguía allí, firme e inamovible. Siglos podían pasar, pero el monte permanecía.
Por eso el salmista utiliza esa imagen para describir la vida del creyente: “Los que confían en Jehová son como el monte de Sion”. El monte es azotado por el viento, soporta el calor del desierto y resiste las tormentas del invierno. Sin embargo, no se tambalea. Permanece firme, sólido, imponente.
Así también es la vida de quienes confían en el Señor. No están libres de dificultades. Los vientos de la prueba soplan, las tormentas llegan y las circunstancias cambian. Pero su estabilidad no depende de la fuerza humana. La firmeza del creyente nace de su confianza en Dios. Por eso el salmo agrega: así como los montes rodean Jerusalén, así el Señor rodea a su pueblo. Él es la fuente de nuestra seguridad, la fortaleza que nos sostiene cuando todo a nuestro alrededor parece inestable.
Gracias Señor, por mantenernos firmes y fuertes. Enséñanos a confiar en ti para que seamos como aquel monte que permanece para siempre. Amén.