Salmo 126:1-2
LLENOS DE UNA GRAN ALEGRÍA
“Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa…” Salmo 126:1-2
Qué hermoso es regresar después de haber pasado por algo doloroso. Regresar a casa después de una larga ausencia. Recuperar algo que parecía perdido para siempre. Hay momentos así en la vida en los que el corazón se llena de una alegría tan grande que cuesta creer que sea real. Algo parecido experimentó el pueblo de Israel cuando terminó el cautiverio babilónico. Después de años de exilio, lejos de su tierra, Dios les permitió regresar. Volvieron a Jerusalén, reconstruyeron el templo y nuevamente adoraban al Señor conforme a su Palabra.
Al mirar hacia atrás, reconocieron que aquello no había sido obra de su esfuerzo. No fue la fuerza de un pueblo derrotado la que puso fin al cautiverio. Fue el Señor quien restauró su destino. El milagro fue tan extraordinario que lo describen con una imagen sorprendente: “seremos como los que sueñan”. Era demasiado bueno para ser verdad. La alegría era tan intensa que parecía irreal. Entonces —dice el salmo— su boca se llenó de risa y su lengua de canto.
En realidad, esta también es nuestra historia. Dios ha hecho cosas extraordinarias en nuestra vida. Nos sacó de las tinieblas, de la opresión del pecado, y nos trasladó al reino de amor de su Hijo. Hoy podemos decir con plena confianza que somos libres, verdaderamente libres. Hemos sido comprados por la sangre del Cordero y ahora pertenecemos a Dios.
Nuestros corazones rebosan de alegría por la libertad que nos has dado, buen Dios. Ayúdanos a compartir esa alegría y esa libertad con los oprimidos por el pecado. En Cristo Jesús, Amén.