Salmo 126:5-6
NO HAY COSECHA SIN SIEMBRA
“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán”. Salmo 126:5
Una restauración es hermosa pero no es fácil. El pueblo ha regresado del exilio, pero hay campos que trabajar y ciudades que reconstruir. Por eso el salmo utiliza una imagen sencilla y poderosa: la siembra. El agricultor sabe que no hay cosecha sin siembra. Pero también sabe que sembrar no siempre es agradable. Hay días de cansancio y de incertidumbre. A veces la tierra es dura, las herramientas son pocas y el corazón se cansa.
Así ocurre también en la vida espiritual: muchas de las cosas que hacemos para Dios se realizan en medio de lágrimas. Sin embargo, el salmista afirma una verdad llena de esperanza:
“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán”. Las lágrimas no son el final de la historia. Son parte del proceso. Dios puede transformar el llanto del sembrador en la alegría del segador. El que sale a sembrar con fidelidad —aun cuando el camino sea difícil— volverá con gozo cuando llegue el tiempo de la cosecha.
Nuestra vida también es un campo que debe ser sembrado cada día. Sembramos cuando servimos, cuando amamos, cuando perseveramos en la fe y cuando compartimos la Palabra de Dios. A veces lo hacemos en medio de cansancio o de desánimo, pero ninguna semilla sembrada para Dios es en vano. No todas las semillas darán fruto inmediato, pero Dios promete que la siembra fiel siempre tendrá su tiempo de cosecha.
Ayúdanos Señor, a sembrar sin importar lo difícil que el tiempo sea. Permite que llevemos tu palabra con amor y esperanza. En Jesucristo, tu Hijo. Amén.