Levítico 18:24-30
EL PELIGRO DE LA CONTAMINACIÓN
“Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo Jehová vuestro Dios”. Levítico 18:30 RVR60
Existe una preocupación creciente por la contaminación que sufre nuestro planeta. Una gran cantidad de grupos, ecologistas o no, nos advierten de los peligros que se corren como humanidad de continuar con esta tendencia. Pero cuando se trata de la contaminación moral que también ha ido en aumento, no parece haber la misma preocupación. Mucha gente, incluso cristiana, se ha anestesiado a los efectos perniciosos de la inmoralidad.
El libro de Levítico presenta lo que Dios piensa de la desintegración moral. "Y aun la tierra misma se contaminó. Por eso la castigué por su perversidad y ella vomitó a sus habitantes" (Lev. 18:25 NVI). La voz del Señor no deja lugar a dudas de su desagrado de todo lo que huela a inmoralidad. Y aunque nuestra sociedad se haya insensibilizado al pecado, no por eso deja ser del desagrado de Dios. Un ejemplo son los pecados sexuales que ya no ofenden a veces ni a los creyentes.
Sin embargo, aunque prácticas como el adulterio ya no sean siquiera sancionadas en algunos códigos penales, no por eso dejan de ser destructivas. El daño que se hace cuando se produce una relación de este tipo es irreversible. Los hogares se destruyen, los hijos terminan en familias separadas, y muchas vidas que nunca vuelven a tener paz. Si tan solo escucháramos lo que Dios dice, nuestra sociedad no estaría al borde del colapso.
Señor, límpiame de mis pecados y líbrame de todo mal. Que mi corazón y mi mente sean puros. En Jesucristo, amén.