Lucas 2:41-52
UNA FE MÁS PROFUNDA
“Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles”. Lucas 2:46
Una adolescente se acerca a su padre y le pregunta: —Papá, cuando oramos “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”… ¿esa tierra es el planeta Tierra? El padre, algo sorprendido, responde que sí. —Entonces, si algún día vivimos en Marte… ¿tendremos que decir “hágase tu voluntad en Marte como en el cielo”? Mientras nosotros apenas logramos que nuestros hijos memoricen el Padre Nuestro, ellos ya están pensando cómo orarlo en otro planeta. Las nuevas generaciones no solo escuchan; cuestionan y analizan. Y eso no necesariamente es falta de fe. Puede ser el inicio de una fe más profunda.
A los doce años, Jesús no estaba jugando a la religión. Estaba en el templo, sentado en medio de los maestros, mientras oía, preguntaba y respondía. No tenía una espiritualidad pasiva. Era viva, reflexiva, comprometida. La fe que solo repite fórmulas difícilmente sobrevive a los cuestionamientos de la adolescencia. Nuestros hijos no necesitan únicamente aprender oraciones; necesitan entenderlas. No necesitan solo normas; necesitan convicciones. No necesitan una religión automática, sino una relación auténtica con Dios.
Tal vez la pregunta no sea si nuestros hijos sabrán orar correctamente en Marte. La verdadera pregunta es si estamos cultivando en casa un espacio donde puedan preguntar sin miedo, dudar sin ser rechazados y buscar a Dios con honestidad.
Señor, haz que seamos prácticos al tratar los asuntos que habitan la mente y el corazón de nuestros hijos. Que ellos puedan sentirse seguros cuando necesitan aclarar sus dudas. Amén.