Salmo 128:1-6
UN ALTAR COTIDIANO
“Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa”. Salmo 128:3
La mesa no es solo un mueble. Es un altar cotidiano. Es el lugar donde la familia se mira a los ojos, donde se escuchan historias del día, donde se comparten cargas y también risas. La hora de la comida puede convertirse en uno de los momentos más formativos del hogar o en uno de los más tensos. Con frecuencia llevamos a la mesa las preocupaciones del trabajo, las cuentas pendientes, los conflictos sin resolver. Y aunque esos temas son reales y no pueden ignorarse, no siempre deben ocupar el centro del momento.
El salmista describe una escena hermosa: esposa como vid fructífera, hijos como plantas de olivo alrededor de la mesa. Es una imagen de estabilidad, de crecimiento, de paz. No habla de lujos ni de abundancia material, sino de armonía. Esa armonía nace del temor del Señor, de una vida que honra a Dios también en lo cotidiano.
La tranquilidad no ocurre por accidente; se cultiva. Se decide apagar el teléfono. Se decide escuchar antes de corregir. Se decide sonreír aun en medio del cansancio. Se decide posponer ciertas conversaciones difíciles para proteger un momento sagrado. Si queremos hijos como olivos fuertes y estables, debemos ofrecerles un entorno donde la serenidad tenga un lugar diario. Porque donde Dios es honrado, la paz encuentra siempre un lugar donde sentarse.
Dios nuestro, ayúdanos a aprovechar los momentos de los alimentos para hablar de ti a nuestros hijos. Que nuestro hogar sea ejemplo de amor, moderación y tranquilidad. En Jesús, Amén.