Marcos 1:29-31
CRISTO AMA A LAS SUEGRAS
“La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre. Se lo dijeron a Jesús…”
Marcos 1:30
Si hay en la familia alguien que es motivo de bromas bastante pesadas, esa es la suegra. En el inconsciente colectivo, existe la idea de que una suegra es sinónimo de conflicto. La sociedad, en general, insiste en dar mala fama a esta figura, pero es un error. Quienes formamos parte del pueblo de Dios, no pensamos así. La familia es una bendición. Los yernos y las nueras deben honrar a sus suegros y orar por ellos.
Una vez oí el mal chiste de que Pedro había negado a Jesús porque había sanado a su suegra. ¡Qué ignorancia! Qué injusto para la mujer que dio a luz a la esposa de aquel hombre. Al contrario, según el texto sagrado, cuando salieron de la sinagoga, fueron con Santiago y Juan directamente a casa de Simón y Andrés e inmediatamente le hablaron a Jesús de ella. La acción de Jesús fue sencilla: la tomó de la mano y la fiebre la abandonó. Cuánto bálsamo se derrama sobre nosotros cuando nos tomamos de la mano de Dios.
¿Podría esa fiebre haber llevado a esta mujer a la muerte? No necesitamos saberlo. La verdad es que, con el toque de Jesús, ella no murió, fue sanada. Inmediatamente, dicen las Sagradas Escrituras, la suegra comenzó a servirles. Qué regalo es, después de recibir un toque de las manos divinas, poder utilizar tu vida al servicio del prójimo. Es una lección preciosa: somos curados para servir.
Te agradecemos Señor, porque en medio de las enfermedades y las aflicciones, tú demuestras tu poder. Usa nuestras vidas para servir a otros. En Jesús, amén.