Marcos 1:21-28
SATANÁS TIENE SUS LÍMITES
“Jesús reprendió a aquel espíritu, diciéndole: —¡Cállate y deja a este hombre!”.
Marcos 1:25
De acuerdo a la Escritura, una posesión demoníaca se produce cuando la personalidad humana es controlada por espíritus malignos. Esa era la condición del hombre del relato, dentro de una sinagoga (Marcos 1:23). Las realidades espirituales se manifiestan en los lugares más improbables. La estrategia del enemigo (Mateo 13:39) para destruirnos no tiene límites geográficos. Sin embargo, hay un límite infranqueable para el demonio: el Señor Jesús.
El mal, que no respeta límites, se ve obligado a doblegarse ante la soberanía de Dios. La sentencia ya ha sido pronunciada: “Y el diablo, que los había engañado, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también habían sido arrojados el monstruo y el falso profeta. Allí serán atormentados día y noche por todos los siglos” (Ap. 20:10). Aquel endemoniado era un títere de las tinieblas, un títere de espíritus inmundos. Estaba en un buen lugar, pero dirigido por el ser equivocado.
En aquel sábado, había alguien que tenía toda autoridad y poder sobre los demonios. El Señor Jesús reprende y libera a ese hombre. La dignidad es restaurada. El culto puede continuar. Se revela la autoridad suprema. Para nosotros, hay un grito inconfundible: “¡Ya no más!”. Ya no somos prisioneros del imperio de las tinieblas, ya no estamos controlados por la impiedad, ¡ya no! Cristo vive en nosotros (Gálatas 2:20).
Reconocemos, Jesús, que tienes la autoridad para librarnos de las fuerzas del mal y que tu poder no tiene límites. Pon en nuestros corazones el compartir esta verdad al mundo, amén.