Marcos 1:32-39
UN CORAZÓN QUE NO SE ENVANECE
“Y cuando lo encontraron le dijeron: —Todos te están buscando”.
Marcos 1:37
El ministerio de milagros de Jesús era asombroso. No era necesario armar una noche de milagros o celebrar una cruzada. Toda Capernaum se reunía en torno al que “sanó de toda clase de enfermedades a mucha gente, y expulsó a muchos demonios”. Tiene que levantarse muy de mañana y encontrar un lugar solitario para no descuidar su disciplina espiritual. He aquí un ejemplo inspirador para quienes creen que no tienen tiempo para su comunión personal con el Señor.
“Todos te están buscando”, le dicen sus discípulos cuando lo encuentran. Es difícil evitar la vanidad cuando se escucha algo como eso. Si todos me buscan, es porque soy importante. Si todos me buscan, es porque todos me tienen en alta estima. Si todos me buscan es porque soy la persona indicada. Cuando dejamos que nuestra vida transcurra en piloto automático, es decir, sin la guía divina, llegará a este punto de autoengaño.
Jesús, plenamente humano y plenamente divino, no cayó en esta tentación. Al contrario, cuando lo oyó, dijo: “Vamos a los otros lugares cercanos”. Jesús no es rehén de la vanidad, y nosotros tampoco deberíamos serlo. La agenda del Señor no está determinada por los reflectores, por la vanagloria o por la presión popular. Siempre es tiempo de recordar que “Dios se opone a los orgullosos, pero trata con bondad a los humildes” (Santiago 4:6).
Padre celestial, transforma mi corazón y quita todo orgullo y envanecimiento que haya en mí; dame un corazón humilde que solo te glorifique a ti. En el nombre de Jesús, amén.