Marcos 1:40-45
ACTO O PROCESO
“Al momento se le quitó la lepra al enfermo, y quedó limpio”.
Marcos 1:42
El Señor Jesús puede sanar en un instante o a través de un proceso. En este pasaje Jesús limpia de su enfermedad a un leproso de forma inmediata. Lucas, por su parte, al registrar otro incidente, relata que Jesús curó a diez leprosos en una forma distinta: “Vayan a presentarse a los sacerdotes” (Lc. 17:14). Esto se debía a que, en aquella época, los sacerdotes también funcionaban como una especie de autoridad sanitaria.
En otras palabras, el Señor estaba diciendo que cumpliría su petición de curación. Pero no fue instantánea. Ocurrió mientras caminaban. “Y mientras iban, quedaron limpios de su enfermedad” (Lc. 17:14). En otras palabras, a cada paso, una porción de curación; a cada kilómetro, una herida menos. Fue mientras caminaban que las heridas fueron eliminadas. Esta es una verdad profunda: la curación divina puede ser mediante un acto (Mc. 1:42) o un proceso (Lc. 17:14).
Dios puede realizar milagros mediante toques inmediatos, pero también después (o durante) tratamientos médicos, intervenciones quirúrgicas o, incluso, sesiones de quimioterapia. Jesús, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Col. 2:3), actúa de forma soberana y sorprendente. Al final, tanto el leproso del pasaje de Marcos como los diez de los que se habla en Lucas fueron curados. Cada uno de una manera diferente, pero todos restaurados.
Gracias te doy Señor, por las muchas veces que has sanado mi cuerpo afligido. Pongo en tus manos mi salud y la de todas aquellas personas que postradas claman a ti. En Jesucristo, amén.