Marcos 8:1-10
LO HIZO DE NUEVO
Aunque a veces decimos que los tiempos de escasez nos enseñan bastante, también hay ciertos límites: “Todos comieron hasta quedar satisfechos, y recogieron los pedazos sobrantes en siete canastas”.
Marcos 8:8
La primera multiplicación de los panes y los peces (Marcos 6:30-43) tuvo lugar en Israel; la segunda, en un entorno gentil. En la primera, había un lugar cercano donde, según los discípulos, cualquiera que lo deseara podía comprar algo de comer. En el segundo, el desierto era implacable. En este escenario, Jesús sabía que, si despedía a la multitud, se desmayarían en el camino. Su capacidad para percibir lo que puede doblegar a un ser humano es impresionante. Nada le pasa desapercibido; su sensibilidad es literalmente divina.
Aunque a veces decimos que los tiempos de escasez nos enseñan bastante, también hay ciertos límites. A mucha gente puede costarle la vida y seguramente ha visto imágenes de multitudes luchando por un trozo de pan. No nos sorprende entonces que Jesús sienta compasión por esta multitud, pero, en su caso, esa compasión es sinónimo de acción.
Cuando se trata de Jesús, siempre hay una respuesta. ¿Puede volver a hacer un milagro? Algunos habrán pensado que sí. “¿Puede hacerlo en territorio gentil?”, preguntarían los que apenas le acaban de conocer. Él repite un milagro que ya ha hecho. Multiplicar es su especialidad. El incomparable Señor entra en acción, la multitud queda satisfecha y hasta recogen siete cestos. Es una conclusión sagrada: el que ha multiplicado los alimentos una vez, puede volver a hacerlo.
Bendito seas, Señor, por los milagros que has obrado. Gracias por compadecerte de nosotros y brindar siempre el sustento a nuestros hogares. En Jesús, amén.