Marcos 7:31-37
SIN LÍMITE ALGUNO
“Al momento, los oídos del sordo se abrieron, y se le desató la lengua y pudo hablar bien”.
Marcos 7:35
Todos enfrentamos en la vida alguna especie de impedimento, aunque el grado en que nos afecta puede variar. En algunos pueden ser un leve inconveniente, en otros pueden causarnos algún contratiempo, y hay también impedimentos que pueden producir en nosotros algo de vergüenza. Algunos obstáculos son familiares, otros financieros. Hay problemas de salud y emocionales. Hay obstáculos que te desalientan o que reducen tu capacidad.
El hombre del que nos habla este pasaje tenía un doble problema: padecía sordera y, por ende, se comunicaba desarticuladamente. Ya Jesús era conocido en esta región, de modo que cuando la gente se enteró que él andaba por allí, en seguida le trajeron a este hombre. Ellos estaban seguros de que un toque de Jesús podía cambiar su condición lamentable, así que le suplicaron su intervención. Y, por supuesto, que Jesús lo cambia todo.
La vida de este hombre se divide claramente en antes y después del toque de Jesús. También la nuestra. El poder del Señor no tiene límites. “¿Hay acaso algo tan difícil que el Señor no pueda hacerlo?” (Génesis 18:14). Para Jesús, la dificultad más insignificante y el obstáculo más atormentador tienen el mismo tamaño. Todos los obstáculos caen ante el poder del cielo. No hay nada que Jesús no pueda desenredar. El problema de aquel hombre era el habla y el oído. ¿Cuál es el tuyo?
Gracias, Señor, porque tu presencia transforma nuestras vidas. Sabemos que tienes el poder de cambiar vidas, transforma la mía y que sirva como prueba de tu gran poder. En Cristo Jesús, amén.