Hechos 9:36-42
DORCAS Y LOS POBRES: GENEROSIDAD
“Por aquel tiempo había en la ciudad de Jope una creyente llamada Tabitá, que en griego significa Dorcas. Esta mujer pasaba su vida haciendo el bien y ayudando a los necesitados”.
Hechos 9:36
A menudo, la mentoría envuelve la generosidad. Cuando reconocemos que cada don que tenemos viene de la mano de Dios y no es algo que nos hayamos ganado o a lo que tengamos derecho, estaremos más abiertos a compartir nuestro tiempo, talentos y posesiones. Cuando la gracia de Dios rebosa en nuestros corazones, la respuesta natural es compartir generosamente con los demás.
Dorcas era conocida por su compasión hacia los pobres de su comunidad. Mucha gente era testigo de su preocupación por los necesitados y su deseo de ayudarlos. Su relación con Dios no era algo privado, sino una fe que la motivaba a demostrar su amor al prójimo. Es por esto que la muerte de Dorcas dejó consternada a la comunidad. Sus amigos buscaron a Pedro para ver si podía hacer algo. Las viudas le mostraron toda la ropa que Dorcas había confeccionado para ellas, una prueba fehaciente de su amor y sus buenas obras.
Los regalos entregados a alguien necesitado apuntan a la mano del Padre celestial, que nos ama por completo y nos obsequia generosamente todo lo que necesitamos. Nuestra cultura tiende a centrarse en acumular riquezas en lugar de dar a los necesitados. Dorcas, descrita como discípula, era una persona que imitaba la generosidad de Dios. ¿Cómo puedes mostrar el corazón generoso de Dios a alguien necesitado este día?
Bendito Dios, ayúdame a cuidar de los demás con el amor que tú me muestras. Ayúdame a dar de buena gana con un corazón alegre como tú me has dado a mí. En el nombre de Jesús, Amén.