1 Samuel 1:21-28
ANNA Y SAMUEL: DEJAR IR
“Yo, por mi parte, lo he dedicado al Señor, y mientras viva estará dedicado a él”.
1 Samuel 1:28
¿Le ha tocado pasar el momento difícil de ver partir a alguien que ama? Puede ser cuando sale a un trabajo en un lugar remoto, o dejamos a un niño en un campamento, o enviamos a un adolescente a la universidad. En algunas ocasiones nos despedimos con la incertidumbre de no saber si nuestro próximo encuentro será cuando estemos en gloria.
Ana había orado desesperadamente por tener un hijo y había prometido que, si el Señor se lo daba, lo dedicaría a su servicio. El Señor le dio ese hijo y ahora ha llegado el momento de cumplir su promesa y que su pequeño quede al cuidado del sacerdote Elí. ¿Puede imaginar lo difícil que fue ese día para ella al tener que desprenderse de su único hijo? Pero en su oración no refleja tristeza (1 Samuel 2) porque sabía que Dios estaba a cargo de su hijo. Se lo había entregado al Señor, porque era una bendición que él mismo le había dado. Ella confiaba en que toda la vida de su hijo estaba en manos de Dios.
Dios sigue en control y podemos confiar a su cuidado compasivo a quienes amamos, porque sabemos que el Señor los ama incluso más profundamente que nosotros. Hay incluso quienes tienen la costumbre de encomendar a sus seres queridos a Dios al orar por ellos. Quizá el momento de una despedida temporal no sea tan placentero, pero ¿en quién más podemos confiar la vida de aquellos que amamos sino es en nuestro Dios?
Señor, ayúdanos a confiar en ti para que cuides de los que amamos. En tus manos ponemos también nuestra vida. En el nombre de Jesús. Amén.