29 de junio del 2024
Ezequiel 3:4-8
CONFIANZA PARA LA GRAN COMISIÓN
“No te envío a naciones numerosas que hablan idiomas complicados o difíciles, que tu no entenderías. Aunque, si yo te enviara a esos pueblos, ellos te harían caso”. Ezequiel 3:6
La necesidad de llevar las buenas nuevas a otras naciones es ineludible, ya que el mensaje de amor y redención de Dios es universal y no conoce barreras de idioma o cultura. Aunque algunas naciones hablen idiomas complicados o difíciles, Dios nos asegura que su mensaje pasará todas las barreras. Hoy en día, las instituciones religiosas están preparando misioneros con habilidades lingüísticas y culturales adecuadas para comunicar el evangelio en cualquier contexto. La capacitación de estos misioneros busca perfeccionar a los santos para el ministerio y alcanzar a aquellos que aún no han escuchado las buenas nuevas. El llamado a llevar el mensaje de Dios a todas las naciones es un recordatorio de que todas las personas, sin importar su lengua o cultura, son amadas y deseadas por Dios. La misión de compartir el evangelio es una muestra del amor de Dios hacia la humanidad y una oportunidad para que más personas experimenten su gracia y salvación. Con la capacitación adecuada y el poder del Espíritu Santo, podemos superar cualquier obstáculo lingüístico o cultural para llevar el mensaje de esperanza y salvación a cada rincón del mundo. Al perfeccionar a los santos para el ministerio, estamos respondiendo al llamado divino de compartir el amor y la gracia de Dios con toda la humanidad.
Dios mío, gracias por la preparación que das a hombres y mujeres para ir a otros lugares a predicar tu Palabra. Cuida de ellos y bendice la labor que llevan a cabo. En el nombre de Cristo, Amén.
No es fácil asimilar la manera en que toda una civilización se desintegra ante nuestros propios ojos. La fe cristiana se ve arrinconada cada vez más, y nuevas ideologías están intentado acabar de una vez con ella. Y, tristemente, muchos cristianos no están preparados para enfrentar este ambiente de confusión y engaño. La situación no es muy distinta a la que vivió el profeta Jeremías. Él fue testigo de la apostasía y exilio del pueblo de Dios, y fue el encargado de predicar contra sus mismos compatriotas poniendo en riesgo su vida. Su mensaje penetrante y confrontador se combina con un llamado al arrepentimiento, y la esperanza de que Dios tiene tiempos mejores para su pueblo. Esperamos que ese mensaje llegue al corazón de nuestros lectores de Cada día.
Samuel Olán
Ha sido anciano en la iglesia presbiteriana en Tabasco. Está casado y tiene tres hijos. Es biólogo y muy comprometido con las causas ambientales