03 de junio del 2024
Jeremías 3:1-5
CÓMO CAMBIAN LOS HIJOS
“Hace poco me decías: Padre mío, amigo de mi juventud”. Jeremías 3:4
¡Qué hermoso es cuando una relación entre padres e hijos puede ser tan cercana! Quienes han experimentado una confianza así en la familia saben que ésta es una de las mayores satisfacciones que disfrutamos en la vida. Pero aun, con todas las alegrías que una relación así brinda, también puede producir conflictos y enemistades que dejan una cicatriz perdurable en el corazón. Esa dolorosa experiencia sirve para ilustrar la relación entre Dios y su pueblo. En tiempos atrás esa relación vivió momentos memorables, pero ahora lo que hay es un profundo distanciamiento espiritual. Y aun cuando Israel se dirige a Dios como Padre y como amigo, su estilo de vida pecaminoso impide un acercamiento genuino a Dios. Pero qué importante es que aceptemos la invitación de acercarnos arrepentidos a Dios, porque él cumplirá su promesa de sanar nuestras rebeliones (Jer. 3:22). No es fácil reparar una relación cuando algo así ocurre en un hogar. Es primordial reconocer que ambos cometemos errores y estar dispuestos a buscar el perdón y la reconciliación en lugar de aferrarnos a los resentimientos y la enemistad. Esto requiere de una comunicación abierta que fomente un entorno cómodo para compartir tiempo, pensamientos, sentimientos y preocupaciones. Y estamos seguros que el Dios reconciliador permitirá reconstruir la confianza y fortalecer la relación.
Bendito Dios, concede que mi hogar refleje la relación que tú esperas entre padres e hijos. Ayúdame a comportarme como un verdadero hijo tuyo. Por tu Hijo, te lo pido, Amén.
No es fácil asimilar la manera en que toda una civilización se desintegra ante nuestros propios ojos. La fe cristiana se ve arrinconada cada vez más, y nuevas ideologías están intentado acabar de una vez con ella. Y, tristemente, muchos cristianos no están preparados para enfrentar este ambiente de confusión y engaño. La situación no es muy distinta a la que vivió el profeta Jeremías. Él fue testigo de la apostasía y exilio del pueblo de Dios, y fue el encargado de predicar contra sus mismos compatriotas poniendo en riesgo su vida. Su mensaje penetrante y confrontador se combina con un llamado al arrepentimiento, y la esperanza de que Dios tiene tiempos mejores para su pueblo. Esperamos que ese mensaje llegue al corazón de nuestros lectores de Cada día.
Samuel Olán
Ha sido anciano en la iglesia presbiteriana en Tabasco. Está casado y tiene tres hijos. Es biólogo y muy comprometido con las causas ambientales