04 de junio del 2024
Jeremías 4:20-23
TALENTO PARA HACER EL BIEN
“Son hijos sin juicio, que no reflexionan. Les sobra talento para hacer el mal, pero no saben hacer el bien”. Jeremías 4:22
Un hijo con talento es un orgullo en la familia. Sea por ejecutar con maestría un instrumento o por obtener buenas notas en la escuela, siempre alegra escuchar a un padre hablar bien de su hijo. Pero es triste también ver personas con grandes talentos y habilidades, que poseen el potencial de actuar bien, pero eligen usarlos para actos que destruyen. Uno se pregunta a veces si fallaron los padres en la formación de sus hijos, o es una incapacidad en los hijos para discernir lo correcto. El profeta Jeremías es contundente al transmitir el mensaje de Dios acerca de la rebeldía del pueblo de Israel. No es Dios quien ha fallado, sino sus hijos que se muestran incapaces de obrar bien. Y la manera en que Dios responde al ver las consecuencias de la desobediencia de su pueblo es conmovedora: “¡Mis entrañas, mis entrañas! Me duelen las fibras de mi corazón” (RVR60). ¿Hay remedio contra el mal uso de nuestros talentos y capacidades que Dios nos ha dado? ¡Por supuesto! A los creyentes del nuevo pacto Dios los ha dotado con la mente de Cristo y la dirección y el poder del Espíritu Santo para hacer el bien. Si dependemos de los recursos que Dios ya nos ha provisto podemos mirar hacia el futuro de nuestros hijos con un mayor optimismo. Podemos confiar que ellos usarán el talento para el bien, convirtiéndose en agentes de cambio positivo en nuestra sociedad.
Dios nuestro, perdónanos por no usar los talentos que nos das como tú esperas. Transforma nuestros corazones para hacer lo que a ti te agrada. En el nombre de Cristo, Amén.
No es fácil asimilar la manera en que toda una civilización se desintegra ante nuestros propios ojos. La fe cristiana se ve arrinconada cada vez más, y nuevas ideologías están intentado acabar de una vez con ella. Y, tristemente, muchos cristianos no están preparados para enfrentar este ambiente de confusión y engaño. La situación no es muy distinta a la que vivió el profeta Jeremías. Él fue testigo de la apostasía y exilio del pueblo de Dios, y fue el encargado de predicar contra sus mismos compatriotas poniendo en riesgo su vida. Su mensaje penetrante y confrontador se combina con un llamado al arrepentimiento, y la esperanza de que Dios tiene tiempos mejores para su pueblo. Esperamos que ese mensaje llegue al corazón de nuestros lectores de Cada día.
Samuel Olán
Ha sido anciano en la iglesia presbiteriana en Tabasco. Está casado y tiene tres hijos. Es biólogo y muy comprometido con las causas ambientales