Éxodo 12:1-23
SALVADO POR LA SANGRE
“Cuando el Señor pase… verá la sangre… y pasará de largo por esa casa… No dejará que el destructor entre en las casas de ustedes”.
Éxodo 12:23
En la familia no tenemos hijos favoritos. Pero en los pueblos antiguos, favorito o no, el primogénito ocupaba un lugar especial, pues tenía algunos privilegios. En algunas culturas hasta se le consideraba el heredero de todos los bienes. La noche de la Pascua en que Dios destruyó a los hijos primogénitos de Egipto, los primogénitos de Israel fueron librados de la muerte. Pero esto no fue porque fueran mejores que los hijos de los egipcios. Los israelitas no eran menos pecadores o depravados que los egipcios. Si los israelitas se salvaron fue solo por la sangre del cordero.
Cuando el Señor pasó por Egipto y vio la sangre en los marcos de las puertas de las casas de los israelitas, pasó por alto esas casas y no permitió que el destructor entrara allí. No era suficiente que se sacrificara el cordero. También era necesario que la sangre del cordero se aplicara en el marco de la puerta como señal de la protección de Dios.
Asimismo, no es suficiente saber que Jesucristo murió en la cruz. Es necesario recibir, por la fe, los beneficios de su muerte. ¿Se imagina que la noche de la Pascua un padre de familia hubiera sido negligente y no hubiera aplicado la sangre en la puerta de su casa? Cristo murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. Ahora debemos recibirle como nuestro Salvador personal. ¡Él es nuestro Cordero pascual!
Señor, somos salvos no por quienes somos o por lo que hemos hecho, sino por tu gracia a través de la sangre de Jesús. ¡Gracias por tu gracia salvadora! En el nombre de Cristo, Amén.