Génesis 22:1-19
EL CORDERO DE REEMPLAZO
“Dios se encargará de que haya un cordero para el holocausto, hijito”.
Génesis 22:8
Tal vez a veces se sorprenda y angustie por las pruebas que ha pasado, pero ese no es el caso de Abraham, el padre de la fe. Dios le había llamado a mudarse a otra tierra, y así lo hizo. Dios había prometido darle un heredero, y él le creyó. Dios había dicho que todos los varones de su casa debían ser circuncidados para ser parte del pacto de Dios con él y sus descendientes, así que Abraham también obedeció.
Pero ahora Abraham enfrenta la prueba más dura de todas. Después de recibir a su hijo Isaac y verlo crecer, Dios le pide que le ofrezca a su único hijo como sacrificio. Entonces, confiando en que Dios puede devolverle la vida (ver Hebreos 11:19), Abraham obedece a Dios. Él amaba a Isaac, es cierto, pero amaba más a Dios. Y Dios siempre había cumplido sus promesas. De allí que Abraham decide confiar en la sabiduría y bondad de Dios. Por eso prepara el altar y se dispone a ofrecer allí a su hijo.
Pero Dios no quería que Isaac fuera sacrificado; Dios quería el amor de Abraham. En esta apasionante prueba de fe, Dios estaba anticipando el momento en que Jesús, su único Hijo, se convertiría en un sacrificio por nosotros. Para Isaac hubo un cordero sustituto, mientras que Jesús se convirtió en el Cordero de Dios por nosotros. Dios “no nos negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros” (Romanos 8:32).
Señor Dios, gracias por entregar a tu único Hijo para morir en mi lugar. En el nombre de Jesús, Amén.