03 de enero del 2024
Génesis 1:24-26
CORRIGIENDO CONDUCTAS
Siempre es bueno entender donde está la línea que separa lo bueno de lo malo: “Entonces dijo Dios: Que produzca la tierra toda clase de animales domésticos y salvajes…” Génesis 1:24
Una de las cosas que Dios hace en su universo creado es poner orden. No en vano dice la Escritura que Dios es un Dios de orden. Todo lo creado ha sido colocado en el lugar que le corresponde. Es Dios quien separa la luz de las tinieblas, las aguas de la tierra seca, y distingue al varón de la mujer. Y en este pasaje hace una distinción muy importante entre animales domésticos y salvajes. En ocasiones, al pensar en nuestra obediencia a Dios nos abruma el mundo tan amplio y diverso en el que vivimos. Pero una manera simple de comenzar es por el hogar, pues es ahí donde se establecen las normas de convivencia acordes al orden y diseño divinos. ¿Ha pensado, por ejemplo, en la forma en que al escoger y convivir con una mascota reflejamos ese orden? Para un creyente, la Biblia es la base de las leyes que definen cuales son animales salvajes y domésticos; leyes que se hicieron, aunque usted no lo crea, para proteger a los animales de las personas. Si en el hogar las mascotas son animales que la ley señala como silvestres, por ejemplo, loros y tortugas; es bueno rectificar porque las autoridades civiles también intentan proteger esas especies. Pero como cristianos no es necesario que lleguemos a esas instancias. A Dios también se le glorifica cuando respetamos las leyes de su creación.
Dios de la creación y del orden, quiero caminar contigo reconociendo el comportamiento del hogar que me has dado, déjame corregir para mejorar y ser un hijo obediente y responsable. Amén.
La Biblia comienza con el relato de la creación, y, de igual modo, el Credo de los Apóstoles inicia con la afirmación: “Creo en Dios Padre Todopoderoso”. Dios mismo dijo de su obra que “Todo lo que había hecho era bueno en gran manera”. Aunque muchas veces tendemos a menospreciar esta creación, ésa no es la enseñanza bíblica en ningún momento. Sin embargo, sí tenemos que reconocer que vivimos en un mundo bajo los efectos del pecado. Y aun así, nuestra vida cotidiana debe estar marcada por el reconocimiento de que esas actividades también le importan a Dios. Aun si la tierra no responde a nuestros esfuerzos como era originalmente el diseño divino, nosotros estamos llamados a reflejar nuestra preocupación por darle la gloria a Dios en donde quiera que nos desenvolvamos. El devocional de este mes busca mostrarnos la forma en que los primeros pobladores de nuestro planeta lidiaron con esas dificultades, y aun así, encontraron maneras de relacionar sus actividades diarias con su servicio a Dios. Por eso, esperamos que al final usted pueda decir: ¡Qué hermoso es vivir en este mundo que Dios ha creado aun con todas sus dificultades!
Samuel Olán Pérez
Ha sido anciano en la iglesia presbiteriana en Tabasco. Está casado y tiene tres hijos. Es biólogo y muy comprometido con las causas ambientales.