19 de enero del 2024
Génesis 26:1-10
RECONOCIMIENTO DE DIOS
“Porque Abraham me obedeció y cumplió mis órdenes, mis mandamientos, mis leyes y mis enseñanzas”. Génesis 26:5
Nacer en cualquier parte del mundo es ajustarse a las costumbres del lugar, cumplir las reglas del hogar, de la escuela y del trabajo. Todas estas formas dan orden y sentido a la vida. Imprimen seguridad y confianza y hacen que las tareas sean más productivas. Pero siempre ha habido también quienes han buscado erradicar las normas, y, en nombre de la libertad y la comodidad, han intentado vivir sin ley. La Escritura no promueve un estilo de vida de este tipo, ni siquiera para los creyentes del nuevo pacto. El conflicto con la ley que encontramos en las cartas paulinas, no es con la ley en sí, que es justa, santa y buena, sino con quienes creían que podían justificarse a través de ella. Al escuchar el testimonio de Dios acerca de Abraham nos damos cuenta cuánto él valora la obediencia dentro de nuestra vida en la gracia. Dios dice que el patriarca no sólo obedeció, sino que además cumplió sus órdenes, incluyendo sus mandamientos y sus enseñanzas. ¿Se ha preguntado cuál sería la evaluación de Dios si ahora mismo le pusiera en la balanza? ¿Se alegraría Dios de mencionar su nombre o se entristecería al notar su incumplimiento? Por supuesto que nuestra obediencia a Dios no nos genera puntos para ganar la salvación, pero muestra cuán dispuestos estamos para avanzar en nuestra santificación. Así qué, ¡ánimo, que la carrera aún no termina!
Dios mío, gracias porque tú estás conmigo en cada momento y tengo la fe de que siempre tendré una calificación apropiada para corregir mi vida. Por Jesucristo, Amén.
La Biblia comienza con el relato de la creación, y, de igual modo, el Credo de los Apóstoles inicia con la afirmación: “Creo en Dios Padre Todopoderoso”. Dios mismo dijo de su obra que “Todo lo que había hecho era bueno en gran manera”. Aunque muchas veces tendemos a menospreciar esta creación, ésa no es la enseñanza bíblica en ningún momento. Sin embargo, sí tenemos que reconocer que vivimos en un mundo bajo los efectos del pecado. Y aun así, nuestra vida cotidiana debe estar marcada por el reconocimiento de que esas actividades también le importan a Dios. Aun si la tierra no responde a nuestros esfuerzos como era originalmente el diseño divino, nosotros estamos llamados a reflejar nuestra preocupación por darle la gloria a Dios en donde quiera que nos desenvolvamos. El devocional de este mes busca mostrarnos la forma en que los primeros pobladores de nuestro planeta lidiaron con esas dificultades, y aun así, encontraron maneras de relacionar sus actividades diarias con su servicio a Dios. Por eso, esperamos que al final usted pueda decir: ¡Qué hermoso es vivir en este mundo que Dios ha creado aun con todas sus dificultades!
Samuel Olán Pérez
Ha sido anciano en la iglesia presbiteriana en Tabasco. Está casado y tiene tres hijos. Es biólogo y muy comprometido con las causas ambientales.