21 de diciembre del 2023
Lucas 2: 1-7
UNA CUNA PARA EL MESÍAS
“Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre…” Lucas 2:7
He escuchado sermones que me han desafiado con la pregunta de si tengo más espacio en mi corazón para Jesús que la pareja que tenía la posada de Belén. Pero las Escrituras ni siquiera mencionan a un esposo y una esposa que fuesen dueños de la posada. En realidad, he llegado a pensar que la oferta del establo no nació de la insensibilidad sino de la bondad. Tal vez el dueño del mesón pensó que permitir que una mujer embarazada se quedara allí era mejor que dejarla dar a luz en algún lugar fuera. Lucas no menciona a un posadero o incluso a un establo. Pero sí menciona un pesebre tres veces (Lucas 2:7, 12, 16). El pesebre importa. ¿Por qué? La clave se encuentra en Isaías 1:3: “El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento”. Isaías se queja de que el pueblo de Dios era menos consciente de su verdadero dueño que los animales de granja. Éstos, por lo menos, reconocen al granjero cuando viene a apilar heno en su pesebre para su próxima comida. Pero la ignorancia de Israel estaba a punto de cambiar. En el nacimiento de Cristo, los pastores vinieron y descubrieron el verdadero pesebre de su Señor. Se reunieron ante aquel que es el verdadero pan del cielo, el que alimenta a todos los que tienen hambre y sed de justicia. ¿Has venido al pesebre, donde se puede satisfacer tu hambre?
Dios nuestro, tenemos hambre que no se puede satisfacer mediante nuestros propios esfuerzos. ¿Quién puede alimentarnos sino Cristo? Él es el verdadero pan del cielo. En su nombre, Amén.
En nuestra cultura el trasfondo bíblico de la Navidad ha ido decreciendo. En su lugar, mucha gente la describe como una fiesta en la que ni siquiera mencionan a Jesucristo. Una revista dice que es el “aniversario de nuestro propio nacimiento como personas plenas, con valores, conciencia, capacidad de reconocer los errores, descubrir los miedos, motivarnos y emprender nuevos sueños”. Y los propios cristianos no estamos lejos de adoptar un punto de vista romántico y acaramelado de este acontecimiento. No cabe duda que la venida de Cristo a este mundo es motivo de gran alegría. Él es quien es capaz de traer paz y plenitud a la vida de la gente. Y no debemos avergonzarnos por disfrutar de una celebración como ésta. Pero, a veces olvidamos que este acontecimiento ocurre entre situaciones escabrosas, momentos dolorosos y decisiones difíciles para los protagonistas. Muchas de las cosas que ellos vivieron hubieran escandalizado incluso a la sociedad más permisiva de nuestro tiempo. Necesitamos un punto equilibrado de la Navidad que nos permita alcanzar un compromiso más radical con Jesucristo. Esperamos que este devocional permita ver ese otro lado de la Navidad que a veces pasa desapercibido.
Robert Heerspink
Fue pastor de varias iglesias, y director del ministerio Back to God (De regreso a Dios). Una de sus pasiones era la escritura, sobre todo, devocionales para el pueblo de Dios.