08 de marzo del 2023
Job 14:1-14
UNA ESPERANZA RENOVADORA
“Cuando se corta un árbol, queda aún la esperanza de que retoñe y de que jamás le falten renuevos”.Job 14:7
¿Vives la vida con esperanza? ¿Qué es lo que esperas? ¿Cuál es la base de tu esperanza? Hay muchas esperanzas vacías, desprovistas de un fundamento sólido. Sin embargo, la esperanza del pueblo de Dios es una esperanza que no se desespera, que no falla, que no muere. El patriarca Job hace una comparación muy elocuente para ilustrar esta magna verdad. La esperanza cristiana es como un árbol cortado. Aun talado, vuelve a brotar. Puede ser víctima de la violencia más brutal y renace de nuevo. Incluso si su raíz envejeciere en la tierra y su tronco muere en el suelo, al sentir la frescura del agua dará ramas como una nueva planta (Job 14:8,9). La esperanza del pueblo de Dios jamás puede ser destruida. Incluso cuando somos golpeados con fuerza, como lo fue Job, y perdemos la propiedad, los hijos y la salud. Incluso si somos abandonados por la familia y los amigos. No importa si somos aplastados bajo la apisonadora de las adversidades más severas. En todas estas cosas podemos exclamar un grito de triunfo y decir que nuestro Redentor vive y un día le veremos cara a cara. Pablo dice que nuestra esperanza no avergüenza porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestro corazón por el Espíritu Santo. ¡Caminemos, por tanto, con la frente erguida, sostenidos por esta esperanza viva!
Señor, concede que mi esperanza esté fundada en el terreno sólido de tu amor por tu pueblo. En el nombre de Jesús, amén.
Las crisis que nos llegan al alma son gigantescas. Presiones externas y temores in- ternos conspiran en nuestra contra sin cesar. Vivimos acosados por amenazas reales y también por amenazas ficticias. La vida no se da sin dolor. Nuestros caminos no están llenos de flores. No pisamos alfombras de terciopelo. Nuestra jornada se da por caminos espinosos. Sangran nuestros pies. Nuestra alma se arquea afligida. Nuestro cuerpo tiembla. Nuestras lágrimas revientan en nuestros ojos. Nos sentimos frágiles e impotentes, a veces, incluso sin fuerzas para seguir. En esos momentos necesitamos consuelo. No el consuelo superficial que viene de la tierra, sino el consuelo robusto que emana del cielo. Esta serie de reflexiones está basada en mi experiencia en el ministerio de consolación. Escribo desde el calor de la batalla, donde la gente llora, sangra y desesperadamente tiene que oír una palabra de esperanza. ¡Lee este devocionario con la sed del alma y recibe, también, un mensaje de consuelo!
Eleny Vassão
Sirve de capellán en un hospital. Es escritora, conferencista, y directora del Consejo Presbiteriano de capellanes.