03 de marzo del 2023
Salmos 142:1-7
LAS TEMPESTADES DE LA VIDA
“Con fuerte voz clamo al Señor, con fuerte voz le pido misericordia… porque me encuentro sin fuerzas”.Salmos 142:1,6
Las tempestades nos sorprenden. Todo parece estar bien y de repente, enormes olas y fuertes vientos sacuden la calma introduciendo el miedo en nuestras vidas. Eso pasó con los discípulos de Jesús cuando cruzaban el mar de Galilea en una frágil barquilla. Es un incidente que marcó sus vidas que no podía pasarse por alto en los evangelios. Hombres acostumbrados a las tempestades del mar, sintieron temor y clamaron a Jesús para que los salvara. Lleno de compasión y poder, Jesús, con una sola palabra, aquietó el mar y el viento, trayéndoles la calma. Probablemente ahora estés pasando por tempestades en tu vida. Los vientos te han sorprendido y sacuden fuertemente tu barca. Lo más importante es recordar, en este momento, que Jesús es el mismo de aquella tempestad en alta mar. Su compasión y poder no han cesado y su gracia está disponible en medio de la tormenta. Jesús te ama, él tiene grandes planes para tu vida y quiere estar en medio de tu tempestad calmando tu corazón y enseñándote a tener confianza en Él. Así como los discípulos, puede ser que te estés preguntando: “¿Quién será éste, que hasta el viento y el mar lo obedecen?” (Marcos 4:35-41). Él es Jesús, el Hijo de Dios, que tiene todo el poder para salvar a los que esperan en él ¡Fíate de Él con todo tu corazón!
Padre, me siento sacudido dentro de esta tempestad, pero es bueno saber que tú estás conmigo en el barco y por eso me siento seguro. En Jesús, amén.
Las crisis que nos llegan al alma son gigantescas. Presiones externas y temores in- ternos conspiran en nuestra contra sin cesar. Vivimos acosados por amenazas reales y también por amenazas ficticias. La vida no se da sin dolor. Nuestros caminos no están llenos de flores. No pisamos alfombras de terciopelo. Nuestra jornada se da por caminos espinosos. Sangran nuestros pies. Nuestra alma se arquea afligida. Nuestro cuerpo tiembla. Nuestras lágrimas revientan en nuestros ojos. Nos sentimos frágiles e impotentes, a veces, incluso sin fuerzas para seguir. En esos momentos necesitamos consuelo. No el consuelo superficial que viene de la tierra, sino el consuelo robusto que emana del cielo. Esta serie de reflexiones está basada en mi experiencia en el ministerio de consolación. Escribo desde el calor de la batalla, donde la gente llora, sangra y desesperadamente tiene que oír una palabra de esperanza. ¡Lee este devocionario con la sed del alma y recibe, también, un mensaje de consuelo!
Eleny Vassão
Sirve de capellán en un hospital. Es escritora, conferencista, y directora del Consejo Presbiteriano de capellanes.