04 de marzo del 2023
Salmos 90:1-17
REPENSANDO LA VIDA
“Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestra mente alcance sabiduría”.Salmos 90:12
En nuestra rutina diaria, con tantos quehaceres y plazos por vencer, no nos detenemos a mirar alrededor, echar un vistazo a la dirección en la que vamos y evaluar nuestros pasos. Mucho menos nos detenemos a contemplar la naturaleza, sentir empatía hacia las personas que sufren, dirigirles alguna palabra de ánimo o, simplemente, darles un fuerte abrazo. Vale la pena hacerlo. Pero, cuando las pérdidas y frustraciones nos sacuden, nuestra rutina se detiene. Nos sentimos aturdidos y sin fuerzas, como si fuéramos por la vida arrastrando los pies. Confundidos, nos sentimos como en una nube que nos hace reducir la velocidad y dificulta nuestros pasos. Es entonces que miramos a nuestro alrededor buscando nuevas fuerzas que nos brinden esperanza y claridad para seguir en una nueva dirección. Ahora sí lamentamos no haber aprovechado la oportunidad de detenernos un poco y disfrutar lo que Dios nos da. Tenemos que reconocer que somos como pequeñas ovejas con dificultades para ver, dependientes e indefensas. Sin pastor, andamos en círculos, sin propósito o dirección. Por eso tenemos que mirar a Jesús, el buen Pastor, y pedirle que nos ayude a depender de Él a cada paso, para que podamos vivir cada día de manera útil y plena. Solo así llegaremos a ser canales de bendición para otras personas.
Señor, enséñame a vivir cada día de modo que pueda ser útil a la gente y glorificar Tu Nombre. En el nombre de Jesús, amén
Las crisis que nos llegan al alma son gigantescas. Presiones externas y temores in- ternos conspiran en nuestra contra sin cesar. Vivimos acosados por amenazas reales y también por amenazas ficticias. La vida no se da sin dolor. Nuestros caminos no están llenos de flores. No pisamos alfombras de terciopelo. Nuestra jornada se da por caminos espinosos. Sangran nuestros pies. Nuestra alma se arquea afligida. Nuestro cuerpo tiembla. Nuestras lágrimas revientan en nuestros ojos. Nos sentimos frágiles e impotentes, a veces, incluso sin fuerzas para seguir. En esos momentos necesitamos consuelo. No el consuelo superficial que viene de la tierra, sino el consuelo robusto que emana del cielo. Esta serie de reflexiones está basada en mi experiencia en el ministerio de consolación. Escribo desde el calor de la batalla, donde la gente llora, sangra y desesperadamente tiene que oír una palabra de esperanza. ¡Lee este devocionario con la sed del alma y recibe, también, un mensaje de consuelo!
Eleny Vassão
Sirve de capellán en un hospital. Es escritora, conferencista, y directora del Consejo Presbiteriano de capellanes.