12 de marzo del 2023
Hebreos 13:1-8
RELACIÓN Y ESPERANZA
“Nunca te dejaré ni te abandonaré”.Hebreos 13:5
Todos necesitamos esperanza. Pero, tengamos cuidado en dónde está depositada, pues puede ser una esperanza falsa, dejándonos atrapados en un laberinto. La verdadera esperanza solo se puede alcanzar por la fe en Dios. Él nos ha creado, nos conoce y tiene el poder tanto para aliviar nuestros dolores, como para curar nuestras almas. Él nos da nuevas fuerzas para crecer y sonreír, aunque estemos en medio de una situación difícil. Dios no es una fuerza cósmica o una energía impersonal como algunos sugieren; es el gran arquitecto del universo, el autor de la vida. Él es una persona, alguien cercano. Su gran amor por la humanidad lo mueve a relacionarse profundamente con cada uno de nosotros, brindándole sentido y una nueva perspectiva a nuestros días. Su amor es mucho más que promesas y palabras vacías. La esperanza que nos ofrece se apoya en sí mismo, en lo que Él es y lo que ha hecho por nosotros. Él es quien nos invita: “Pon tu vida en las manos del Señor; confía en Él, y Él vendrá en tu ayuda” (Salmo 37:5). Él nos invita a una relación cercana y personal, como un padre amoroso con su hijo. Celebra hoy que solamente en Él tenemos salud espiritual aun en los tiempos de enfermedad. Proclama que solamente el Gran Pastor brinda esperanza segura a los que le buscan en verdad.
Dios, quiero conocerte de verdad, quiero que nuestra relación transforme todo mi ser. En el nombre de Jesús, amén.
Las crisis que nos llegan al alma son gigantescas. Presiones externas y temores in- ternos conspiran en nuestra contra sin cesar. Vivimos acosados por amenazas reales y también por amenazas ficticias. La vida no se da sin dolor. Nuestros caminos no están llenos de flores. No pisamos alfombras de terciopelo. Nuestra jornada se da por caminos espinosos. Sangran nuestros pies. Nuestra alma se arquea afligida. Nuestro cuerpo tiembla. Nuestras lágrimas revientan en nuestros ojos. Nos sentimos frágiles e impotentes, a veces, incluso sin fuerzas para seguir. En esos momentos necesitamos consuelo. No el consuelo superficial que viene de la tierra, sino el consuelo robusto que emana del cielo. Esta serie de reflexiones está basada en mi experiencia en el ministerio de consolación. Escribo desde el calor de la batalla, donde la gente llora, sangra y desesperadamente tiene que oír una palabra de esperanza. ¡Lee este devocionario con la sed del alma y recibe, también, un mensaje de consuelo!
Eleny Vassão
Sirve de capellán en un hospital. Es escritora, conferencista, y directora del Consejo Presbiteriano de capellanes.