Salmos 32:1-11
¿ME ESTÁ CASTIGANDO DIOS?
“Pues de día y de noche tu mano pesaba sobre mí…”Salmos 32:4
A veces Dios puede llegar a atemorizarnos. Sabemos que no somos perfectos como Él. Pensamos y hacemos cosas malas que le desagradan. Aun conociendo al Señor de modo íntimo y personal, nuestras mentes nos pueden castigar con graves acusaciones. Por esto, en ocasiones tememos que nuestro sufrimiento sea la consecuencia de nuestros pecados. Y es probable que en algunas ocasiones sí lo sea.
David, el “amado por Dios”, sintió el peso de su pecado y clamó: “Pues en mí se han clavado tus flechas; ¡tu mano has descargado sobre mí! Por tu enojo debido a mis pecados, todo mi cuerpo está enfermo; ¡no tengo un solo hueso sano! (Salmo 38:2,3). David encontró salud para su alma en la confesión sincera de su pecado.
Una de las cualidades de nuestro Señor es la misericordia. Él mira nuestros pecados y se entristece profundamente; no le agrada en absoluto vernos revolcados en la miseria. Entonces, Él hace algo por nosotros, a fin de solucionar nuestro problema por medio de Jesús, pues su placer más grande es tenernos cerca, en una relación de amor y confianza. El apóstol Juan nos apremia: “Pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad” (1 Juan 1:9).
Solo puedo agradecerte Señor, mi Dios, porque al confesarte mi pecado, encuentro tu paz. En el nombre de Jesús, amén.