13 de marzo del 2023
Romanos 8:31-34
RELACIÓN CON DIOS
“¡Que si Dios está a nuestro favor, nadie podrá estar contra nosotros!”Romanos 8:31
¿Qué se te viene a la mente cuando lees este versículo? ¿Entiendes lo que Dios te está diciendo? Él te garantiza que al tenerlo como salvador, has ganado un Padre y tu mejor y más fiel amigo. Alguien que está dispuesto a darte ¡todas las cosas! Él es quien te declara justo delante de él a través de lo que Cristo hizo en la cruz en tu lugar. No hay condenación que pese sobre tu cabeza. Los pecados de quienes vienen a Jesús son perdonados y eliminados totalmente por la gracia de Dios. Venir a Jesús nos hace libres. Y más aún, Jesús viene a ser el abogado que intercede frente a Dios cuando los creyentes fallan en su vida diaria y cuando llegue el momento de presentarse en el gran día del juicio. Por este motivo, cuando a tu corazón venga el remordimiento y las acusaciones por tus pecados pasados, recuerda que has sido comprado y perdonado en Cristo. Por la bondad de Dios, eres de su propiedad. Así que, con Dios de tu lado, ¿a qué o a quién puedes temer? Tu pasado doloroso no es rival para la gracia de Cristo. Tus problemas presentes no pueden ser más grandes que su amor inagotable. Ni siquiera Satanás es un enemigo de temer para aquellos que están en Cristo Jesús. Quienes están en Cristo gozan de un amor que trasciende las dificultades de esta vida, los enemigos de nuestra alma y los poderes de este mundo.
Si no fuera por Tu amor, Dios mío, viviría lleno de culpas y temores. ¡Muchas gracias en el nombre de Jesús! Amén.
Las crisis que nos llegan al alma son gigantescas. Presiones externas y temores in- ternos conspiran en nuestra contra sin cesar. Vivimos acosados por amenazas reales y también por amenazas ficticias. La vida no se da sin dolor. Nuestros caminos no están llenos de flores. No pisamos alfombras de terciopelo. Nuestra jornada se da por caminos espinosos. Sangran nuestros pies. Nuestra alma se arquea afligida. Nuestro cuerpo tiembla. Nuestras lágrimas revientan en nuestros ojos. Nos sentimos frágiles e impotentes, a veces, incluso sin fuerzas para seguir. En esos momentos necesitamos consuelo. No el consuelo superficial que viene de la tierra, sino el consuelo robusto que emana del cielo. Esta serie de reflexiones está basada en mi experiencia en el ministerio de consolación. Escribo desde el calor de la batalla, donde la gente llora, sangra y desesperadamente tiene que oír una palabra de esperanza. ¡Lee este devocionario con la sed del alma y recibe, también, un mensaje de consuelo!
Eleny Vassão
Sirve de capellán en un hospital. Es escritora, conferencista, y directora del Consejo Presbiteriano de capellanes.