Génesis 20:1-18
EL CUÑADO INCÓMODO
“Estando allí, decía que Sara, su esposa, era su hermana”.Génesis 20:2
Cuando usted lee este pasaje, algo seguramente le suena familiar.
Tiempo atrás, Abraham y Sara, habían pasado una situación similar.
En ambos casos, como habían pactado desde que salieron de Ur,
se hicieron pasar como hermanos, lo cual era media verdad, porque
eran medios hermanos. Debido a ese ardid, el faraón de Egipto estuvo
a punto de tomar como esposa a Sara. En Gerar, el rey Abimelec
decidió tomarla como esposa.
En todo esto, Abraham está lejos de ser un ejemplo para nosotros.
Aquel que debería ser bendición a las naciones, más bien expone a
otros al juicio y al castigo de Dios. Y en este caso, de no ser por la
intervención divina, el asunto estuvo a punto de pasar a mayores.
Dios impide que el rey toque a Sara, y en el desenlace final, es evidente
que Abimelec se comporta con una mayor solvencia moral que el
propio Abraham. Él expone públicamente al patriarca y lo confronta:
“Esas cosas no se hacen” es su reclamo.
Tal vez se pregunte por qué Dios permite que sus hijos caigan en
el mismo error y hay una razón simple. Dios permite que seamos
probados una y otra vez en nuestra área de mayor debilidad. Él no lo
hace para mortificarnos o para destruirnos, sino para que crezcamos
y aprendamos a confiar en él. Así que si se pregunta por qué hay
algo que Dios no elimina de su vida, es porque tal vez haya algunas
lecciones que aprender.
Soberano Dios, tú conoces mi corazón y mis decisiones. Dame valor para enmendar mis errores cuando me equivoque. En Jesús, Amén.