Juan 5:19-23
SUMISÓN AL PADRE
“El Hijo… solamente hace lo que ve hacer al Padre. Todo lo que hace el Padre, también lo hace el Hijo”.
Juan 5:19
Como todas las cualidades del fruto del Espíritu, el dominio propio es uno de los rasgos del carácter de Cristo. ¿Y quién mejor que él para demostrarnos que su vida estaba sometida completamente a la voluntad de Dios? “He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad”, explicó, “sino para hacer la voluntad del que me envió” (Juan 6:38).
Por eso, en el momento más crucial de su vida, Jesús pudo orar: “Padre… no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). En el Huerto de Getsemaní, mientras Jesús luchaba con la horrible idea de cargar con el peso del pecado del mundo, se sometió a la voluntad de su Padre, sabiendo que era “buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).
De manera similar, ni las palabras ni las obras que Jesús habló y realizó fueron por su propia autoridad sino por la de su Padre. “Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras”. En todo lo que pensó, dijo e hizo, Jesús se sometió al Padre. Jesús entregó su voluntad y su vida completamente a Dios. Estaba controlado por Dios, y por eso conocía el dominio propio. Nosotros también necesitamos permitir que el Espíritu Santo trabaje en nosotros para que seamos cada vez más contralados por nadie que no sea el Maestro mismo.
Padre, por tu Espíritu, obra en nosotros para que, como Jesús, nos sometamos completamente a ti. Cumple tu voluntad y propósitos en y a través de nosotros. En Jesús, Amén.