08 de junio del 2022
Jueces 16:1-21
CUANDO DIOS ESTÁ AUSENTE
“…Pero no sabía que el Señor lo había abandonado”.
Jueces 16:20
Sansón ha llegado a ser conocido como sinónimo de fuerza física y debilidad moral. Su nacimiento tuvo lugar por un milagro divino, anunciado por un ángel del Señor: “He aquí que tú eres estéril, y nunca has tenido hijos; pero concebirás y darás a luz un hijo...navaja no pasará sobre su cabeza, porque el niño será nazareo a Dios desde su nacimiento, y él comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos”.
Así es. El secreto de la fuerza de Sansón estaba en su cabello. Dejarlo crecer era, entre otras cosas, parte de un rito de consagración a Dios. Pero a Sansón Dios le concedió el don de tener una fuerza descomunal que lo ayudaría a librar a su pueblo de la opresión de los filisteos. De modo que con la ayuda del Espíritu de Dios, llevó a cabo grandes hazañas…hasta que su debilidad por las mujeres filisteas, lo llevó a la debacle.
Una vez más es importante recordar que la desobediencia a Dios nos mete en graves problemas. Sansón ignoró un elemento importante de su voto cometiendo así un grave error de apreciación. Su verdadera fuerza era el Espíritu del Señor y perdió su poder porque desobedeció a Dios y no por alguna magia que pudiera estar asociada a su larga cabellera. Para todos aquellos que creen que su fuerza está en su buena apariencia, o en su salud formidable, no lo olviden. Nuestra fuerza está en el Espíritu del Señor.
Dios santo y eterno, nunca te alejes de mí. Quiero estar siempre en tu presencia para agradarte en todo. Te lo pido en Cristo, Amén.
El tema del devocional de este mes es “Escuchar la voz de Dios”. Dios es un Dios de amor, pero se molesta cuando se le desobedece o cuando no hacemos su voluntad. Desde finales de 2019 la humanidad está sufriendo el coronavirus que se ha convertido en una terrible pandemia. Algunos seres queridos, amigos y familiares han perdido la batalla contra el virus y muchas personas se preguntan: ¿Por qué Dios permite tantas muertes? En la Biblia hay numerosos relatos de enfermedades y plagas que azotaron al pueblo, pero Dios nunca apartó su rostro, ni lo ignoró, ni abandonó a su pueblo a su suerte. Nuestro Dios tiene el control de todo y ni un cabello cae de nuestra cabeza sin su permiso. Pero es necesario comprender y analizar cuál es el mensaje que él quiere enviarnos cuando permite cosas como las que hemos vivido suceden. ¡Disfrute de su lectura!
Edison Souza
Periodista y Anciano en la Iglesia Presbiteriana de Campinas, São Paulo, Brasil.